No se cual es mi adicción más grave; no sé si es el café con pan, el contenido erótico de internet o el ruido y la distracción de aplicaciones de redes sociales y demás entretenimiento, el teléfono celular se ha convertido en una extensión nuestra, para muestra de ello esta ese sentimiento de pánico que sentimos cuando nos damos cuenta de que nuestro bolsillo de repente está vacío, y respingamos como si hubiéramos perdido una parte importante de nosotros, como el hígado, un riñón o alguno de esos órganos que nos permiten vivir y que damos por hecho su existencia y estancia en nosotros, y que no nos importan hasta que dejan de funcionar con normalidad.
Ese dispositivo móvil es algo más, es nuestro guardián de los secretos, nuestro diario, una extensión de nuestra conciencia y quizá de nuestra moral(?); en el, cual horrocrux o anillo de poder, guardamos un fragmento de nuestra alma, nuestros mejores recuerdos, nuestras esperanzas y sueños así como nuestros más oscuros secretos y perversiones. El celular es como nuestro oráculo, como una bola de cristal; es nuestra conexión con el mundo. A veces cuando salgo a la calle y levanto la mirada de mi pantalla solo veo soledad; soledad y gente que saluda a una pantalla, gente que baila frene a una pantalla, gente que posa para una pantalla y más gente que ríe y sonríe para esas pequeñas pantallas, entonces me da miedo y vuelvo a prestarle atención a mi pantalla, pasado un rato se me olvida.
Pero no todo es tan malo, como dije esta pantallita que tenemos en la palma de la mano la mayor parte del tiempo es un oráculo, es una enorme biblioteca de información; es como tener una ventana a la biblioteca de Alejandría en la palma de nuestras manos, en nuestros bolsillos. Es claro que si te dejas llevar por los filtros y algoritmos de las principales aplicaciones nunca saldrás de pasártela viendo gente con cuerpos sensuales bailando, gente cocinando o haciendo bromas y chistes, hay que buscarle para encontrar información relevante.
Supongo que también soy adicto a la soledad, hay que decir que es muy diferente el estar solo al sentirse solo, me gusta estar solo porque puedo dedicarme a mis lecturas, a mis pensamientos, a mis asuntos; supongo que ese gusto por estar a solas conmigo mismo lo desarrolle después de trabajar más o menos cinco años en atención al cliente, donde he llegado a ver a la gente desde una perspectiva bastante cercana y me he dado cuenta que los humanos pueden llegar a se muy muy desagradables.
Volviendo al tema de las pantallas, uno debe aprender a alejarse de ellas, pienso que los momentos donde las personas se pueden llegar a sentir verdaderamente solas, abandonadas a la vida, es cuando usan la ventana que nos proporciona la tecnología para ver las vidas de otras personas que ni saben que uno existe. Es peligroso ver la "exitosa" vida de gente ajena mientras vas camino al trabajo que detestas pero que mantienes por necesidad; es peligroso ver los cuerpos perfectos de otros en las redes cuando tienes una autoestima frágil. Puede llevarte a la depresión, a la ansiedad o al suicidio.
Hay un poema que me encanta, lo pondría dentro de mi top diez fácilmente, su nombre es "escalera de ratas" y su autora María Rosa Vicente y la parte que más me gusta dice así:
"...
Yo,
