domingo, 10 de mayo de 2026

52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 18.- Festín de Bestias 1

 


Festin de Bestias 1



Los relámpagos danzaban en el horizonte y los truenos apenas se distinguían como un eco lejano, escurriéndose entre el silencio de la planicie yerma. El forastero  estaba sediento; las nubes que desfilaban a lo lejos parecían burlarse de él. Instintivamente se llevó la mano al revólver que colgaba de la pistolera. Sabía bien que en sus cilindros se alojaba una solitaria bala, más una salida rápida que una herramienta defensiva. Se detuvo un momento. Sus dedos tamborilearon sobre el metal como considerando sus opciones, se acomodó el sombrero y siguió caminando.


La graba crujía bajo sus pies a medida que avanzaba,  el sol estaba terminando su recorrido del día, las sombras se alargaban,  alcanzó a ver a la distancia una columna de humo negro,  desvío sus torpes pasos en dirección al incendio, la graba continuo crujiendo. 


El humo provenía de un automóvil en llamas, desde un punto elevado el forastero  pudo ver qué se trataba de una grupo de cuatro autos que habían sido emboscados y asaltados,  varios cuerpos desparramados en los alrededores lo confirmaban, cuando llegó al lugar  observo los cadáveres con mayor  detalle, los orificios de bala terminaron de avalar su teoría, hombres y niños pequeños habían sido ultimados en el lugar, no había rastro de mujeres ni de niñas, era probable que los asaltantes las hubieran tomado como parte del botín. Uno de los cuerpos, el de un hombre bastante fornido, llevaba a lo bandolera una enorme cantimplora, cuando el forastero la vio abrió los ojos como platos y corrió hasta donde estaba el cuerpo para arrebatarsela, estaba llena.


Después de saciar su sed  decidió esculcar los cuerpos antes de que oscureciera, podrían tener algo de utilidad y si no lo hacía ahora los lobos y coyotes removerian los cuerpos por la noche,  en ellos no encontró mucho, los asaltantes les avían arrebatado las armas y municiones de sus muertas manos, en uno de los bolsillos de un niño encontró una barra de chocolate, con los autos tuvo la misma suerte, encontró un par de golosinas más y otra cantimplora llena pero nada a lo que pudiera llamar cena, los coches no podían encenderse porque los bandoleros les habían pinchado las llantas y robado las baterías. La suerte le hizo un guiño cuando encontró unas cuantas   balas de revolver debajo del asiento de un niño y una mochila en buen estado donde metería sus nuevas provisiones, se dispuso a pasar la noche encerrado en uno de los coches, le preocupaban los lobos, los coyes y los pumas, tantos cuerpos podrian atraer a varios de ellos.


Cuando el sol se dignó a caer, no sin drama pues tiño el horizonte de incandescentes anaranjados y rojos, el forastero se encerró en el más amplio de lo coches, de esos que pueden doblar los asientos traseros para tener más espacio en la cajuela, no cerro del todo las ventanas para que el fresco de la noche del desierto circulara y se acurrucó en un nido hecho con las ropas que había en las maletas de toda esa gente, pronto empezaron a escucharse pisadas, aullidos, ladridos y gruñidos, desgarros y chocar de dientes contra huesos. El forastero se dejó arrullar por el festin de las bestias




domingo, 3 de mayo de 2026

52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 17. - La Sirena.

 


"The Kiss of the Siren" - Gustav Wertheimer

LA SIRENA


1

Jacinto y Dalia caminaban por la arena rumbo a su pequeña casa en la playa; recordaban aquellos días de su niñez cuando se conocieron justo en aquel lugar.
-¿Quién imaginaría todo lo que vivimos?- dijo Jacinto estrechando su cuerpo entre sus brazos, ella lo beso entre risas, solo se apartó para hablarle.
-él lo sabía- dijo mientras señalaba el mar - lo planeo todo- volvió a besarle.

 2

La brisa del mar empapaba el rostro de Dalia que asomada por la ventana lo observaba intranquila.
-¿Habrá tormenta?- preguntó Jacinto.
-No lo sé; no quiere decírmelo- ella contestó sin apartar sus ojos del mar mientras él la miraba con preocupación.

3

El cielo se fue encapotando con lentitud y el mar acabó poniéndose turbio; Jacinto miraba  a Dalia y ella al mar, él se dio sintió que Dalia estaba lejos, entonces la imagen de un recuerdo un recuerdo llego a su mente justo cuando el primer relámpago de la tormenta se manifestaba.
4

Jacinto era un niño y acompañaba a su padre a pescar, los dos estaban aún tristes por la muerte de María, Don Juan estaba consumido por la muerte de su esposa  y el niño aún lidiaba con la realidad de la muerte; habían pasado  horas desde que arrojaron la red.
-ya es hora de sacarla mijo- dijo el padre con cariño, el niño asintió en silencio; juntos jalaron la red así como juntos cargaban el dolor de su corazón.
Cuando la red cayó en medio de la pequeña embarcación padre e hijo se quedaron en silencio observando a la niña enredada entre los hilos de la red.
-¡es una sirena!- gritó Jacinto.
El retumbar de un trueno sacó al hombre de su ensimismamiento, este se acercó a la mujer que le había acompañado desde su niñez, la mujer que le había regalado el mar.

5

Jacinto abrazó a Dalia desde atrás, ella le tocó la cara cariñosamente.
-dice que viene por mi- le soltó la mujer.
-lo sé- dijo él con tristeza.
ambos se quedaron viendo el mar y el cielo; juntos sintieron su fuerza imparable.

6

El huracán golpeó la costa  mientras atardecía; Jacinto y Dalia dejaron atrás la casa y corrieron a refugiarse a una pequeña selva que estaba justo detrás de la casa; sabían que no podrían escapar del mar, pero aun así corrían tomados de la mano tratando de escapar de un Océano que reclamaba lo que era suyo. Los árboles se doblaban, crujían, y después de luchar contra el viento salían disparados por todas partes; los dos tuvieron que volver sobre sus pasos  esquivando cocos que se desprendían de las palmeras como balas de cañón. Corrieron contra viento aferrados el uno al otro hasta llegar nuevamente a la playa, que era invadida por olas salvajes, apenas tocaron lo que quedaba de la arena el mar los azotó con salvajismo, Jacinto y Dalia lloraban y en un último intento de vencer al destino se fundieron en un beso que esperaban  fuese eterno.

7

Jacinto despierta tendido en la playa, espantado busca a su amada, grita su nombre y después de minutos de angustia  vio  a la mujer tendida en la arena a varios metros de él. Corrió a su encuentro y cuando llegó a su lado ella lo miró. 

-me dejara quedarme a tu lado- las nubes dejaban el paso a un cielo azul mientras Jacinto y Dalia corrían para buscar refugio tierra adentro.



52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 18.- Festín de Bestias 1

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