miércoles, 27 de marzo de 2024

Reto 52.- Cuentos: Semana 8.- La Madriguera



Despertaron cuando la  noche cayó sobre la ciudad; hambrientos y bien dispuestos a saciar su apetito, la hibernación había sido larga. Salieron de las cañerías más viejas, esas que más que tuberías enterradas eran túneles,  salieron con paso firme adentrándose en una ciudad que les parecía extraña, llena de luces y de gente que rondaba como si no le tuvieran miedo a la oscuridad, el mundo ya no era el mismo que el que habían dejado atrás cuando empezaron su hibernación. Había mucha gente en las calles, eso les alegraba, pues como ya dije, estaban hambrientos. 


La ciudad brillaba como todas las noches, la masa humana avanzaba entre sus calles; muchos van de regreso a casa luego de un largo y caluroso día de trabajo, solo quieren llegar a cenar y a acostarse para repetir al día siguiente el mismo día que llevan repitiendo desde hace años; Otros tantos apenas se dirigen a sus trabajos, otros más van de fiesta o en busca de los placeres que la noche ofrece. 


Un grupo de chicos fumaban hierba en un parque, pasándose el porro de mano en mano y platicando sus problemas y aventuras entre risas.  No se daban cuenta que eran acechados por tres estrellas siluetas que se iban acercando de apoco al parque en el que se encontraban. 


Marianita le daba una honda calada al cigarrillo y mientras luchaba por retener el humo dentro de sus pulmones el mayor tiempo posible  pudo ver de reojo tres  siluetas que se acercaban a ellos, casi deslizándose y sin hacer ruido alguno. Rápidamente llamó la atención de sus amigos con codazos y movimientos de manos, expulsando  el humo con un ataque de tos, para cuando todos estuvieron alerta las siluetas ya los rodeaban. 


Eran unas figuras delgadas y altas, envueltas en harapos, ropa vieja y rasgada, así como abrigos largos, estaban tan envueltos en harapos que solo se podía ver sus rostros de la nariz para arriba, llevaban gorros por lo que tampoco su cabello estaba a  la vista, lo poco de que se veía de sus rostros era pálido, sus ojos amarillos. Los muchachos, asustados, trataron de apartarse pero los extraños hombres se movían para taparles el paso, interponiéndose en su camino. Pronto los chicos balbuceaba nerviosos “tranquilos viejos” , “no tenemos dinero”, “ya dejen nos”, “llamaremos a la policía”; cuando los jóvenes creían que no podían estar más asustados  paso algo que los dejó petrificados: Cada uno de los hombres harapientos dio un chillido mientras se arrancaban las ropas que los cubrían dejando al descubierto una piel escamosa y gris, al mismo tiempo sus caras pálidas empezaron a retorcerse y a ser arrancadas como si de máscaras se trataran  dejando al descubierto  unas mandíbulas llenas de filas y filas de dientes. 


Cuando los monstruos desplegaron unas enormes alas que ocultaban entre los restos de los harapos los muchachos empezaron a gritar y a correr mas ya era tarde pues las criaturas hicieron presa a varios de ellos y alzando el vuelo, y entre gritos de horror, los arrastraron hasta su madriguera,  Marianita fue la única que fue lo bastante rápida como para ser atrapada, o quizá tenia muy poca carne para que valiera la pena llevarla, o quizá los monstruos tenían las manos y mandíbulas ocupadas con sus amigos, Marianita corrió hasta casa y dicen que hasta hoy en día corre a casa para que la noche no la atrape en las calles donde andan sueltas las cosas que se llevaron a sus amigos. 


miércoles, 20 de marzo de 2024

Reto 52.- Cuentos: Semana 7.- 45


Arte: Despacho en una ciudad pequeña, por Edward Hopper. 

Cumplir cuarenta y cinco y darte cuenta que ya va siendo hora de renunciar al sueño de tener una familia, ya saben, la mamá, el papá, un par de hijos, el perro o el gato o el pez. Llegar a los cuarenta y cinco y seguir en el mismo trabajo en el que estabas cuando tenias treinta, sin esperanza de un crecimiento y demasiado mayor para empezar desde cero en una nueva empresa. A esta edad las canas van ganando la batalla y tu cuerpo va manifestando las consecuencias de los años de una mala dieta, una vida sedentaria y los vicios que jurabas ante dios todo poderoso que no eran un vicio porque los podías controlar, empiezas a sentirte   más cerca de la edad de retiro, en la que con suerte te tocará una pensión apenas suficiente para llevarte algo de comida a la boca,  y si no tienes suerte te tocaran unos miles de pesos de tu Afore y las ayudas del gobierno.  O peor: nada. Ni las gracias. 


Hay diferentes tipos de suerte:


La suerte de nacer en un país rico o por lo menos medianamente decente o que no este en guerra. 


La suerte de nacer en una familia rica o por lo menos en una bien acomodada o que tenga por lo menos lo basico, ya en estos tiempos tener lo básico también es una suerte. 


La suerte de que tu genética te ayude a encajar en los estandares de la sociedad, la pigmentación de piel y ojos adecuada así como la altura suelen ayudar bastante a la hora de dar una buena impresión ante los demás.  También aquí incluiremos la suerte de haber tenido una vida activa alejada se el pan y la Coca-Cola. 


También esta la suerte de conocer a la gente adecuada en el momento adecuado, esta depende de las dos anteriores pues tener recursos y oportunidades de movilidad social  y ser agraciado y sociable te permitirán caerle en gracia a la persona que puede convertirse en el  contacto que te pondrá en camino a la entrevista de trabajo que cambiará tu vida o que será tu compadre adinerado que te pondrá en algun puesto bien pagado de alguna de sus empresas que heredó de sus padres. 


Supongo que vine al mundo con la suficiente suerte como para no morir de hambre pero no con la suficiente como para poder ir al cine todos los fines de semana, mi suerte me dice que  ir al cine es un gasto muy arriesgado y no es porque no trabajé duro, he trabajado más de cuarenta y cinco, mi numero mágico al parecer, horas semanales durante los últimos veinte años, en un par de empresas que aunque tengan logotipos, nombres y sloganes diferentes esconden detras de los colores llamativos y las sonrisas de los actores en sus comerciales las mismas practicas explotadoras que las personas con más suerte usan contra las de menos suerte. 


Vivo el circulo vicioso de las personas con una suerte mediocre: trabajo arduo, un sueldo que no alcanza y deuda. Mi generación vive de deuda, sin deuda uno no come, no se mueve, no trabaja. Las tiendas de raya jamás se fueron, de esto uno se da cuenta ya muy tarde, como a los cuarenta y cinco años. 


Entonces uno tiene que pararse un rato y empezar a replantearse los planes para los años venideros y si no se contaba con planes, lo más común, plantearse unos cuantos.  Quizá ya es muy tarde para tener una familia, muy tarde para emprender con exito el negocio de tus sueños, para viajar por el mundo  y conocer al amor de tu vida, como en un romance adolescente. 


Las grandes preguntas ¿quiero seguir viviendo así lo que me queda de vida? ¿Vale la pena? 


Las personas con suerte mediocre no nos damos cuenta de que no tenemos control de nuestra existencia hasta que el cuerpo empieza a desfallecer, el pelo se encanece o se empieza a caer y uno ya no se recupera de  una noche de  desvelo con una siesta de una hora a las cinco de la tarde. No tengo control y nunca tuve control de nada, de niño lleve el uniforme de la primaria, de adolescente el de la secundaria y de la prepa, de adulto llevo el uniforme del trabajo. Como una mercancia que pase de un dueño a otro, como un regalo que nadie quiere y que para deshacerse de el lo regalan y va de mano en mano con una envoltura diferente cada vez.  Si tienes suerte logras darte cuenta y empiezas a vivir de una manera diferente. Si no, te moriras esperando que los buenos días lleguen. Quizá mañana sea mejor. Sino el año que viene. Si hay año que viene. 

martes, 12 de marzo de 2024

Reto 52.- Cuentos: Semana 6.- Cándida (parte 1)

Cuento de la semana 6


Escrito entre el 4 y 10 de marzo.

Retrato de Charlotte du Val d'Ognes;  Obra de Marie-Denise Villers

1

Cándida fue la mujer más hermosa que alguna vez tuve parada frente a mi; no solo era por su figura bien definida, producto de años de practicar el deportes,  sino porque sus ojos irradiaban sinceridad y fuego que en conjunto con su piel sonrosada y un cabello negro como el mar por  la noche, con sus rizadas olas incluidas, arrancaban suspiros en todos los hombres que que la vieran pasar. En definitiva era una mujer libre y ninguno de sus amantes logró robar por completo su corazón y mucho menos atarla a él por medio del matrimonio; me gusta pensar que tal vez fui yo quien estuvo más cerca de conocerla realmente mas temo que solo me engaño. 

La primera vez que la vi fue al regresar a mi pueblo natal, en ese entonces era un estudiante recién graduado que tenía como ambición establecer un gran  negocio en el pueblo donde lo criaron  para hacer que este destaque transformándose así en un lugar famoso;  Recuerdo que al bajar del autobús sus ojos avellanados me dieron la bienvenida en un cruce de miradas que fue fugaz pero que me pareció eterno, ella solo sonrió y siguió con su camino. 

Después de haberla visto no pude sacarla de mi cabeza, descubriéndome a menudo pensando en ese cruce de miradas; fue fácil encontrar trabajo en el pueblo pues unos viejos amigos de mis padres me dieron la oportunidad de encargarme de uno de los locales que tenían en el mercado, después de todo tenía que ahorrar algo de dinero para poder poner en marcha mis planes,  sin embargo lo que yo consideraba mis grandes planes y prioridades pasaron fácilmente a segundo plano pues mi nueva prioridad ahora era la mujer con la que había cruzado miradas el día de mi regreso. No me tomó mucho tiempo saber su nombre pues varios hombres hablaban de sus aventuras con ella, escuchar esas palabras fue un duro golpe para mi joven corazón  que poco sabía de amores y de intimidad, y mucho menos de si lo que había escuchado tenía algo de verdad. 

Así pasé muchos días  malhumorado, maldiciendo mi suerte y maldiciendo a ella como si fuera culpable de los rumores que los demás contaban, muchas veces la insultaba en mis pensamientos después de escuchar alguna de las anécdotas que los muchachos del mercado contaban, pero por más malhumorado o enojado que me pusiera eso no evitaba que cada vez que la viera pasar o la ollera reírse algo cálido y suave palpitara  en mis adentros, lo que empeoraba todo es que ella siempre sonreía al verme. 

Pasaron varios días más para que me diera cuenta de que el dolor que a veces sentía al verla y la furia que me provocaron los comentarios de los otros muchachos hacían al verla no eran otra cosa más que envidia pues yo también deseaba estar con ella. Así fue mi vida por un par de meses hasta que un martes coincidimos por en el camino, ella me hablo primero: 

-¡Hola! tú debes ser el nieto de don Miguel, el que volvió de Veracruz hace poco.

Esas fueron las primeras palabras de una larga conversación que hasta el día de hoy no puedo recordar con toda claridad pues su sonrisa y el aire a su alrededor me nublaban la mente,  ella sonreía de una manera tan dulce y en ese momento nada más importaba. 

Los días pasaron y poco a poco esos viajes juntos del mercado a casa se hicieron frecuentes, siempre la acompañaba hasta la entrada del patio de sus abuelos, ella vivía con sus abuelos pues su madre había fallecido cuando ella era pequeña y su padre las abandono cuando se entero que tendría un bebe, no me iba hasta que su bella figura desaparecía tras la puerta. Nuestra rutina solo se rompió cuando  ella se iba con alguno de los muchachos, esos días ella solía decirme “lo siento, hoy no te podré acompañar” esos días eran muy tristes para mi. 

Pasaron los meses, llegó diciembre y con él un frío poco habitual en la región, a pesar del frío caminar con ella me llenaba de una dicha y un calor que me hacia soportarlo, fue en la víspera de navidad  cuando pasó algo diferente en nuestra rutina, ese día caminábamos a casa como siempre, platicamos de cosas del trabajo y algunos chismes del pueblo, fue al llegar a la casa de sus abuelos cuando como siempre iba a despedirme de ella con un beso en la mejilla que Cándida me tomo de la mano y me arrastró dentro  mientras decía “mis abuelos se fueron de viaje, no quiero pasar la navidad sola”  no pude resistirme a su mirada y me deje llevar hasta su habitación  donde me sumergí en el mar de Cándida con la esperanza de no naufragar quedando destrozado y olvidado en el fondo de sus recuerdos. 


lunes, 4 de marzo de 2024

Las Quinientas 10.- La brújula existencial parte 3: De prisiones y laberintos.

 

La Berinto. Leonora Carrington, 1991.

 Somos prisioneros y no nos damos cuenta.

Actuamos, o más que actuar reaccionamos,  en contra de nuestro bienestar y nuestros intereses, movidos por impulsos y condicionamientos  a los que no les prestamos atención hasta que nos dejan en una situación donde solo nos queda el arrepentimiento. 


¿Hasta donde actuamos por voluntad propia, con libertad, y hasta donde actuamos guiados por nuestros instintos animales,  nuestros condicionamientos y aprendizajes sociales? Si no somos capaces de darnos cuenta de esto estamos condenados a vivir en un constante conflicto que desgasta  nuestra energía mental, nuestra atención,  pues como dice en algún lugar de la Biblia “Nadie puede servir a dos amos al mismo tiempo, porque aborrecerá al uno y apreciará al otro; será fiel al uno y del otro no hará caso” (Mateo 6:24) y para nuestra desgracia dentro de nuestro hay múltiples fuerzas que tratan de tomar el papel de amo; fuerzas como los impulsos biológicos, el aprendizaje sociocultural y las fuerzas políticas y mercantiles que influyen en nuestras vidas. 


A mi me gusta clasificar las cosas que nos aprisionan  particularmente en tres apartados: La historia personal. el espíritu de los tiempos y el sentimiento de importancia. 


La Historia Personal


Este es un concepto que he tomado prestado de los libros de Carlos Castaneda donde su Maestro el brujo Don Juan Matus le explica la importancia de borrar la historia personal. siendo esta un relato que nos contamos a nosotros mismos y a los demás a través del cual reafirmamos nuestra propia existencia. sin embargo este relato es una prisión pues nos encasilla y nos lleva a una vida monótona y predecible donde terminas actuando por costumbre y por cumplir con el papel que te toca de acuerdo con tu historia personal; Podría decirse que la historia personal es el autoconcepto al que llegamos y el cual construimos y reafirmamos al aceptar creencias acerca de nosotros mismo, hallamos llegado a ellas por cuenta propia o como resultado de una retroalimentación social. Ser prisioneros de la historia personal impide el cambio y nos mantiene atados a rutinas y a contradicciones  que nos roban nuestra energía mental, nos lleva a actitudes de tipo “yo soy así y no voy a cambiar”  así como a no tener control de los impulsos instintivos del cuerpo haciéndonos caer en excesos, perversiones y debilidades.


Salir de la prisión de la historia personal requiere de un gran trabajo de autoconocimiento y de estar siempre alerta pues uno puede llegar a pensar que su historia personal es la esencia de su ser al estar plenamente identificado con ella. 


El Espíritu de los Tiempos



“Lo que llamas el espíritu de los tiempos

es, en el fondo, el espíritu de las gentes

en quienes los tiempos se reflejan…

Con frecuencia no es más que una miseria”

Goethe


El espíritu de los tiempos es la influencia del estado, la sociedad y el mercado, de las fuerzas externas, que mueven a los individuos en dirección a cierto rumbo o, la mayoría de las veces a más de uno pues cada una de esas influencias quiere sentarse en la silla del amo de las mentes y corazones de los seres humanos. Estas tendencias hacen que adoptemos una postura determinada en nuestra relación con la vida y con el mundo, al cerrarnos en dicha postura el mundo se vuelve pequeño y limitado ya que para nosotros todo lo ajeno a la idea del mundo que hemos construido no existirá y  de llegar a manifestarse en nuestro pequeño mundo reaccionaremos con agresión y negación.  

 

Vivir sin cuestionar el espíritu de los tiempos es dejarse arrastrar por las tendencias que se nos imponen, como dijo Sócrates cuando lo juzgaban “Una vida sin examen no merece ser vivida” , hay que conocer el espíritu de los tiempos para saber la dirección a la que pretende arrastrarnos, si nos favorece podemos aprovechar su impulso para llegar a cumplir con nuestro propósito, en caso contrario no debemos dejarnos arrastrar por él pues solo nos conducirá a la desesperación y tristeza. 


El sentimiento de importancia 


“La importancia personal mata…”

“Ella es responsable de nuestro fin como individuos y llegará el día en que nos termine como especie…”

“Mientras te sientas lo más importante del mundo, no puedes apreciar en verdad el mundo que te rodea. Eres como un caballo con anteojeras: nada más te ves tú mismo, ajeno a todo lo demás.”


Todo esto, según Carlos Castaneda, lo dijo su maestro don Juan Matus, supuesto brujo y nagual, independientemente si el tal don Juan existió o fue un invento del autor de los libros donde se relatan las enseñanzas del mismo la idea de tomar nuestro sentimiento de importancia como un enemigo que debemos eliminar para llegar al despertar como hombre de conocimiento, o brujo, me parece bastante interesante ya que muchas veces ese sentimiento de querer ser y sentirnos lo más importante nos lleva a la ansiedad el sufrimiento, muchas veces queremos que el mundo gire alrededor nuestro y cuando no lo hace nos enfadamos y actuamos de manera irracional y hasta violenta  buscando que nos traten “como nos merecemos”. 


Vivir prisioneros de la historia personal, el espíritu de los tiempos y la importancia personal es como estar atrapado en un laberinto, andamos en la búsqueda  constante de la salida, andamos sin guía y sin brújula, un laberinto lleno de una niebla que embota los sentidos y el espíritu,  vivir así es vivir como esclavo, es renunciar a toda tu potencialidad. 


Renuncia a lo que te aprisiona.






Reto 52.- Cuentos: Semana 5.- La Arboleda

 Cuento semana 5, escrito entre el 26 de febrero  y el 3 de marzo. 


La Arboleda

Árbol tras árbol, tronco tras tronco; te encuentras perdido en un mar infinito de verdor que pronto, en cuanto se oculte  el sol, se convertiría en  penumbra, puedes ver a lo lejos los rayos de luz rojizos filtrándose entre las hojas. Continúas caminando mientras las sombras se alargan hasta que, al extinguirse los rayos del sol, desaparecen; luego un gran silencio se apodera del bosque, como si la vida se pausar para que las criaturas del día cambien turno con las de la noche, te detienes a buscar la linterna que llevas en la mochila, por un momento los únicos sonidos que rompen la armonía son tu respiración y tus torpes intentos de sacar el artefacto, entonces la vida se pone en marcha de nuevo, primero escuchas la rítmica canción  de los insectos nocturnos, un crujir de hojas lo acompaña y uno que otro batir de alas lejano, tus instintos más primitivos  te ponen en estado de alerta, por fin sacas la linterna y con alegría compruebas que funciona  pues sin ella no podrías ver más allá de medio metro; esta noche no hay luna y los árboles más altos no dejan pasar la tímida luz de las estrellas.

La luz artificial que alumbra tu sendero te tranquiliza un poco, pero no te acostumbras a los ruidos repentinos y las extrañas siluetas que huyen de tu luz te perturban, aunque trates de convencerte a ti mismo que deben ser animales que sorprendiste en medio de su descanso y que al verse sorprendidos huyeron; de pronto algo golpea tu cabeza, tu gimes y si hubiera alguien para verte notaría que el color se escapo de tu cara, apuntas tu luz en dirección al agresor sólo para descubrir una rama de un árbol que no viste, casi sería gracioso, si no fuera porque el árbol se ha reído; una corriente eléctrica recorre tu espinazo y te alejas tratando de correr, oyes risas mientras vas a la carrera, tropiezas y el mundo da vueltas, la linterna se desprende de tus manos, de pronto estás tirado mirando las pocas estrellas que se filtra por el techo de hojas del bosque.  Sientes que podrías quedarte ahí  acostado por el resto de la noche, mas el crujir de la hojarasca y risas y murmullos lejanos te hacen andar a gatas hacia la luz de tu linterna. 

Cuando al fin agarras  de nuevo la linterna te levantas y giras alumbrando  tu alrededor tratando de buscar el origen de los ruidos. Nada, solo los árboles que te rodean y un silencio antinatural que te hace sentir que la noche  está a la espera de algo. Un pensamiento invasivo te dice que espera tu muerte, que guarda un momento de silencio por ti antes de que el bosque te devore.  Cuando estás a punto de descartar este pensamiento un alarido, algo entre un grito y un aullido, te hace pararte en seco y sudar frío. Un nuevo alarido hace que te pongas en marcha de nuevo, vas caminando lo más rápido que puedes, temes salir corriendo porque tropezar hará que el dueño del alarido te alcance y te devore,  la lámpara parpadea y cuando oyes un nuevo alarido, más cerca, las hojas de los árboles a tu alrededor empiezan a vibrar y a azotarse como si un potente viento atravesará el bosque, el alarido está más cerca, con un nuevo alarido la lámpara parpadea nuevamente y  finalmente se apaga. entonces te echas a correr mientras escuchas las ramas de los árboles agitarse, las risas, los alaridos, corres, las ramas arañan tu cara, tropiezas y cuando escuchas el terrible alarido tan cerca que casi sientes el calor de aliento de la criatura que lo genera en tu piel te levantas y corres como jamás has corrido.

No sabes cuanto tiempo llevas corriendo, de repente ya no hay árboles y sientes bajo tus pies la conocida dureza del asfalto, una carretera, volteas y donde el bosque termina para dar paso al asfalto puedes ver dos ojos rojos que te observan, de momento la cosa se retira, tu decides seguir la carretera esperando no tener que volver a entrar a ninguna arboleda por el resto de tu vida. 


52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 18.- Festín de Bestias 1

  Festin de Bestias 1 Los relámpagos danzaban en el horizonte y los truenos apenas se distinguían como un eco lejano, escurriéndose entre el...