La hoja en blanco es un duro enemigo, cada espacio vació te acosa y te presiona para que no lo dejes sin nada, es como el orden del cosmos que batalla contra la entropía, donde el orden se condensa en estrellas, planetas y vida mientras la entropía todo lo disgrega, desbarata pieza a pieza hasta convertirlo en nada, en una hoja en blanco, sin color, sin formas, sin brillo y sin vida, un blanco que imaginamos negro porque cuando nuestra mente piensa en la nada, piensa en un gran e infinito espacio negro, en la oscuridad infinita, yo en cambio pienso en la nada como una gran hoja en blanco, como un trabajo pendiente que te niegas a empezar, una nada acusadora, una semilla de lo que puede ser o un sepulcro de lo que antes fue. Una contradicción acosadora.
Hay dos males que acosan a la mayoría de la gente de este mundo: El primero es negarse a empezar las cosas y el segundo es no saber cuando terminar algo. Estamos estampados entre la procrastinación y el vicio, emparedados entre dos muros que nosotros mismos levantamos, ladrillo por ladrillo.
De la incapacidad para iniciar un proyecto o llegar a una meta que nos planteamos todos pecamos, todos padecemos o hemos padecido de este mal, uno planea tantas cosas, como escribir un libro, aprender un idioma, tocar un instrumento musical o hasta bajar de peso, queremos llenarnos de logros y al principio cumplimos cabalmente con las metas que nos proponemos, es el paso del tiempo el que nos ve truncar el viaje que tan alegremente empezamos. Quizá fallamos porque lo bueno cuesta y a estas alturas de la vida la cultura de consumo nos ha programado para la satisfacción inmediata y no para el trabajo profundo.
Pero no es el paso del tiempo en sí.
Por otro lado existen cosas, relaciones o empeños que no sabemos cuándo terminar, cuando parar, no podemos posponerlo porque se han hecho un vicio, una obsesión, y un vicio, y por tanto una obsesión, es un asunto urgente para el adicto. Estos vicios suelen ser placeres fáciles, inmediatos, de acceso casi instantáneo, estas pequeñas gratificaciones instantáneas, muy placenteras pero poco nutritivas, son caricias en el ego, ese falso yo que creemos verdadero, que con el paso del tiempo se van acumulando y que se transforman de algo inofensivo, como ese formato de videos de treinta segundos en un reel infinito, en un vicio que nos roba minutos, horas, días, semanas, meses, la vida.
Pero, de nuevo, no es el tiempo en sí.
Porque la procrastinación y el vicio no son mutuamente excluyentes, son complementarias, no puedes llevar a cabo todo eso que planteas porque estás enredado en tus vicios, no practicas tu instrumento musical como un desquiciado porque te la pasas jugando ese videojuego tan entretenido, no dibujas porque te la pasas saliendo a tomar un café, no escribes quinientas palabras diarias porque te la pasa viendo videos uno tras otro. La procrastinación y el vicio, la obsesión, trabajan en equipo para no dejarte avanzar, su estrategia es apuntar a rumbos distintos para, junto con la obligación de trabajar para sobrevivir que te roba la mayor parte de tu tiempo del día, para que gastes tu tiempo tratando de poner atención a todo eso, todo al mismo tiempo.
Mas, listos como somos, podemos encontrar una solución más simple de lo que uno esperaría: Para vencer la procrastinación debes estar obsesionado, debes convertir tus objetivos en vicios, ese deseo creativo debe de tomar el lugar los pequeños vicios que te hacen procrastinar, tu placer debe ser crear, lo que sea que quieras crear, tu satisfacción debe ser hacerlo todos los días, convirtiéndolo en una necesidad de cuya satisfacción depende tu bienestar, debes estar tan obsesionado con tus metas que te genere síndrome de abstinencia estar sin trabajar en ello.
Hacerlo es una batalla difícil y solitaria.
