1
Caminaba con furia mientras se quitaba la camiseta de la tienda para la que trabajaba, debajo llevaba una camisa azul de manga larga, la amoñongó y la metió de mala gana en la mochila; había doblado turno porque el idiota de Fernando, ella lo consideraba muy idiota, no se presento en la maña, tubo que cubrir su turno , después Carmen, a quien también consideraba bastante idiota, había llegado tan tarde que casi pensó que tendría que cubrir su turno también. Pero al final Carmen llego, le entrego la caja y salió como una tempestad.
Cuando se hubo alejado un buen tramo Blanca se paró, tal vez iba a llorar, del bolsillo de su pantalón sacó una arrugada cajetilla de cigarros, extrajo uno y con la mano temblorosa lo llevo a su boca y lo encendió. No habría llanto. Después de la muerte de sus padres durante la pandemia no quería volver a llorar.
Fue el recuerdo de sus padres lo que le trajo a la memoria un paseo de la infancia, la habían llevado al acuario cuando tenia como ocho años, "no esta muy lejos" pensó mientras fumaba, repasó mentalmente su presupuesto para ver si podía permitirse el gasto, si podía. Se puso en marcha.
2
Caminaba por el Bulevar, entre turistas, vendedores ambulantes y trabajadores de los restaurantes que la invitaban a pasar a comer. Ahí todo estaba como siempre, las generaciones podían pasar pero los negocios seguían ahí, como rompeolas que soportan las arremetidas del mar; El acuario de Veracruz estaba a la vista. Tal como lo recordaba de su infancia, con sus muros blancos y su techo de tejas anaranjadas, en realidad ella no sabia si eran tejas pero se lo parecían, acelero el paso dejando atrás los restaurantes y los vendedores de raspados.
Cuando entro en el edificio lo recibo una fuente que representaba a un grupo de delfines saltando entre las olas. Hoy no había tanta gente como esperaba porque era temporada baja pero aun así se tardo quince minutos en la fila, había grupos de estudiantes, familias y alguno que otro turista que visitaba la ciudad aprovechando los bajos precios de la temporada.
Pagó ochenta y cinco pesos.
3
La primera parte del recorrido era una especie de selva artificial donde aves de colores, como lores y tucanes, revoloteaban por las ramas y techados, un arrollo pasaba por un costado, ahí había algunas tortugas y carpas. Blanca sintió como un eco se manifestaba en su memoria y se abría paso escapándosele como una proyección de su yo infantil que recorría esta pequeña selva artificial con asombro, señalando a los animales y diciéndole sus nombres a sus padres mientras correteaba y daba brincos.
La siguiente sección constaba de una gran pecera que representaba la vida en un arrecife, para llegar a ella tubo que pasar debajo de un arco y ahí pudo ver como diversos peces, rayas y tiburones pasaban por encima de ella, casi pudo escuchar a su yo infantil soltar un ¡ohhh! de asombro, casi pudo verla señalar el techo por el que cruzaban los animales.
La pecera arrecifal era un gran circulo por el que nadaban sin parar los diversos ejemplares de vida marina, desde pequeños peces plateados hasta varios tiburones. Varios niños corrían de un lado a otro señalando a los animales y nombrándolos, como lo había hecho ella misma unas décadas atrás ¿Dónde se había ido toda esa vitalidad y alegría? ¿Por qué quedaba solo cansancio?
En medio había unas gradas, tomó asiento pues una anfitriona del acuario les iba a platicar a cerca de las criaturas que vivían en la pecera, Blanca no presto atención, solo miraba a los peces dar vueltas y vueltas y vueltas, "no somos tan diferentes" pensó "vamos de aquí para allá sin ir realmente a ningún lado" dejo correr a su yo infantil por el lugar para alejar esos pensamientos, pudo verla reír y gritar señalando a los tiburones mientras iban trazando sus circulos sin fin. Casi podía sentir a sus padres que la miraban llena de amor.
Salió de la pecera arrecifal para ingresar en la siguiente sección donde pudo ver otra gran variedad de peces, medusas y también a unas nutrias muy juguetonas, sus carreras y juegos le sacaron una sonrisa, eran como perros, unos animalitos bastante bonitos, las nutrias no estaban cuando ella era niña y verlas le pareció una sorpresa agradable, a su yo niña le hubieran encantad, se hubiera querido llevar una a casa. Cuando llego al área de los pingüinos, estaba segura que su yo infantil también querría llevarse uno de mascota, se sintió cansada y hambrienta, doblar turno sin comer nada le estaba pasando factura. Decidió caminar más a prisa para salir del acuario, ya otro día vendría a revivir sus recuerdos. Paso rápido por una especie de museo donde había una maqueta de un tiburón blanco a tamaño real y unas enormes mandíbulas que parecían ser de megalodón. Dejo atrás la sección de los manatís y paso de largo la tienda de regalos para llegar a la salida.
4
Cuando salió del acuario camino hacia uno de los vendedores de comida ambulantes y se compro un par de hotdogs y una Coca-Cola. Se sentó en una de las bancas donde tenia una vista de la costa de Veracruz/Boca del Rio, desde la que podía ver la isla de sacrificios, con sus arboles y su faro. A pesar de todo, era una tarde hermosa.
