martes, 11 de noviembre de 2025

Las Quinientas 20. - Una tarde azulada


 "Tarde azul" Edward Hopper.


“John es un hombre centrado, comprometido, de pura voluntad. 

  Algo de lo que tú sabes muy poco…”

-Abram Tarasov, John Wick 2.


Es increíble cómo podemos mantenernos por años viviendo en una rutina que mata nuestro espíritu, nuestra creatividad y nuestra esencia por mera supervivencia, por conseguir un bocado, por pagar deudas adquiridas por razones idiotas o por deudas que son resultado de mera expectativa social, porque se espera que compres una casa, un coche o que te vayas a vacacionar a Europa. 


Recuerda cuando eras pequeño y estabas obsesionado con los animales, los dinosaurios, alguna caricatura o algún juego; Tu mundo giraba en torno a eso, vivías para eso, lo hacías con alegría, una alegría que quizás no has vuelto a sentir desde que abandonaste la infancia. Estabas obsesionado, querías devorar todo lo que tenía que ver con aquello que te hacía moverte, aprender, cantar, bailar, dibujar y explorar. 


Obsesión y asombro, hambre por conocer el mundo. 

¿Cuándo te perdimos? ¿Cuándo nos dejaste? 

¿Acaso la cedimos en nuestro sueño de ser grandes? 


Si uno deja morir la capacidad para obsesionarse, de querer pasarse todo el día haciendo algo, de estar más preocupado por hacer tus dibujos , tu música, escribir unas cuantas palabras o entrenar tu cuerpo que por comer, dormir, el beneficio económico o el goce sexual, se pierde una de las fuerzas que más impulsan al ser humano a crecer y desarrollarse, o en ocasiones a la autodestrucción, si el ser humano pierde la obsesión, y el asombro, termina convertido en un animal doméstico, una criatura de granja, de corral, lista para el matadero, del cuerpo y del alma. Sin una obsesión por crear, aprender o desarrollar algo nos convertimos en los clientes perfectos de la cultura de consumo en la que vivimos, porque la criatura humana tiene un hueco en el alma, resultado de arrancar su existencia del mundo natural y ponerla en un hábitat artificial al que llamamos ciudad, que busca llenar a cualquier costo, ya sea con afecto, creando cosas o consumiendo. La mercadotecnia nos ha convencido de que la mejor manera de llenar ese vacío es con cosas y experiencias, que nos ponen tan a la mano a cambio de unos cuantos billetes que ganamos mal vendiendo nuestras vidas. 


Entre distracciones y placeres hemos sido adiestrados para ser los empleados perfectos, los consumidores ideales, el buen ciudadano o por el contrario para ser los antisistema, los rebeldes, los que desafiante la legalidad viviendo una vida que raya o entra de lleno en la criminalidad, tanto el buen ciudadano como el criminal bailan al ritmo del dinero, con dinero baila el perro, y como perros nos ven los dueños del dinero, no, peor, nos miran como menos que mascotas, como bestias de trabajo, que cuando trabajan bien se les da la zanahoria y cuando no se les azota, o se les sacrifica, el buen ciudadano y el criminal son hermanos, los explotan los mismos sujetos que son dueños del dinero y que viven una vida de doble moral, no, peor, sin moral, porque solo respetan el dinero, el dinero y el poder es su obsesión: Pero igual que el buen ciudadano y el criminal, la gente dueña del dinero viven con una obsesión vacía, los primeros anhelando ser como la gente de dinero, el buen ciudadano trata de lograrlo siguiendo las reglas y el criminal a cualquier precio, las gentes del dinero estando más cerca del criminal, por estar dispuestos a todo por llenar su vacío, que del buen ciudadano, fingiendo seguir unas reglas que ellos mismos ponen y tuercen, pues suelen llegar insatisfecho a la tumba, y cuando no lo hacen adormecidos entre distracciones y placeres. 


Para no morir así hay que obsesionarse, no con la riqueza, no con objetos, no con gente, hay que obsesionarse con un proceso creativo, con la búsqueda de conocimiento, con la creación. Hay que estar profundamente obsesionados con una tarea que resuene con nuestro asombro, que nos mueva en cuerpo, mente y alma, darle a eso constancia y compromiso, poner toda tu voluntad en hacerlo por encima de las distracciones y placeres que te ofrece el mundo, que en el fondo son dulces envenenados, solo así cuando lleguemos al final uno puede saber que estuvo vivo. 




lunes, 10 de noviembre de 2025

Las Quinientas 19.- La Costa.

"Tormenta fuera de Costa"- Antonio Maria Marini.

A veces sueño con una playa, una extensión costera que abarca el horizonte, una medialuna cuando la contemplo desde la cima del acantilado en el que suelo aparecer durante esos sueños, a los que me adentro siguiendo  el sonido del oleaje, el graznar de las gaviotas y el viento frío e invernal que llega del mar para refrescar mi rostro y jugar con mis cabellos, dándome la bienvenida con un beso de brisa en la mejilla, que aunque frío esconde una calidez que echa raíces en mi alma. 

Desde arriba, desde la peña, puedo contemplar  de un lado una larga planicie llena de palmeras a las que sus hojas se pintan de color cobre, pues en este sueño el mundo esta en un atardecer infinito y todo esta bañado con la luz rojiza de el sol cuando se esconde, como iba diciendo ese lado esta lleno de palmeras, hiervas y malezas, la arena es casi blanca y las olas llegan a la orilla con una tranquilidad hipnótica, casi sin ruido. 

Del otro lado apenas y existe la arena, la playa está llena de grandes rocas que se extienden hasta entrar en contacto con acantilados que van elevándose hasta fusionarse a la distancia con una cadena montañosa que crece y crece hasta tocar las nubes, entonces ya no se si continua elevándose pues desde mi perspectiva no alcanzo a ver la cima. 

A Veces bajo, a la carrera y tropezando, y caminó por la playa, las gaviotas y los pelícanos alzan el vuelo a mi paso, los cangrejos corretean por la orilla y uno que otro pez se desliza entre el oleaje, como volando ¿a caso son los peces los pájaros del aire?¿o son los peces los pájaros del agua?  Me quito los zapatos y camino por la orilla, en el atardecer perpetuo el agua tiene tono a veces azul y a veces naranja, tornasolado. El agua está fría pero no me importa,  camino por la orilla, en ocasiones  camino al lugar de las palmeras hasta que me empiezo a encontrar un par de cocos flotando en el agua, en otras camino hacia las montañas, hasta toparme con una enorme roca que por el choque de las mareas es casi una esfera, pulida y de un tacto suave. 

Otras veces me siento en el saliente del acantilado y contemplo el ir y venir de las olas, sincronizando su movimiento con mi respiración, escuchando como se estampan contra las rocas, sintiendo el viento coquetear con mis cabellos, acariciarme la mejilla, decirme mil cosas al oído,  cosas que con mucha seguridad olvidaré cuando despierte.  No se si ese lugar existe, existió o  existirá, a lo mejor y algún día  llegaré hasta ahí despierto, de momento es un buen refugio para mis horas de descanso, para mis ratos de duermevela o cuando quiero abstraerme un rato y en meditación busco llegar hasta allí. A lo mejor y en ese lugar me encontraré con la muerte, a lo mejor será el último refugio metafísico al que acuda mi consciencia al momento de marcharse, a lo mejor sea mi paraíso o mi infierno personal, todo depende de si me quedo contemplando su belleza para siempre o me veo obligado a caminar por sus eternas playas en medio de una tempestad.  

Las Quinientas 18.- Encontrar la manera.

 


Ngũgĩ wa Thiong'o (1938-2025) Escritor y activista Keniano escribió algunas de sus obras en papel de baño mientras fue preso político, también fue promotor de la oralitura Africana.

Fluir con el cursor, a eso aspiramos los que tecleamos, como galopar en un caballo salvaje, como aprender a andar en bicicleta, dando tropiezos, tartamudeando, buscando que la imaginación ayuda y nos ayude a poner las letras, las palabras, los puntos y las comas. A veces la hoja en blanco puede quedarse ahí suspendida, acosadora, por minutos, horas o días, el cursor parpadea, no avanza, se estanca. La hoja en blanco es un fantasma sin nombre y silencioso, acosanor, generador de insomnio. Hay que llenarla para que no espante, para que deje de señalar que la inspiración, al menos hoy, no ha venido, hay que llenarla con cualquier cosa, con sueños, metas o mentiras, con inventos o con la aleatoriedad del inconsciente.



Aún con eso escribir en una pantalla, ya sea de computadora o de algún dispositivo móvil, es todo un lujo, incluso tener una vieja máquina de escribir permite plasmar las ideas con cierta comodidad. Los escritores más nobles han plasmado más de una vez sus grandes ideas en los materiales más innobles. Sean hojas sueltas, tickets de compra, servilletas o papel de baño, en alguna prisión del tercer mundo. La necesidad de expresar sus pensamientos por escrito los ha llevado a valerse de cualquier material para hacerlo. El escritor bohemio que pasa sus días tecleando en su laptop mientras bebé un café de especialidad en un Starbucks o en su cafetería de preferencia es un invento moderno, una pantomima, una pose a la que muchos llegan a aspirar, una máscara cómoda. 



Incluso en el pasado personas que tenían una memoria prodigiosa iban por ahí creando en sus mentes una increíble variedad de historias y mitos, dedicándose a contarlos de pueblo en pueblo, creando así la tradición oral, precursora universal de la literatura escrita, cuando el ser humano aún no desarrollaba la escritura, la oralidad, nos permita compartir nuestro conocimiento a cerca del mundo así como inventarnos experiencias, hacer chisme, crear criaturas míticas, monstruos y dioses. La tradición oral cayó en declive, al menos en el mundo moderno occidental y hasta principios del siglo 21, al plasmar las historias en papel, las historias entonces fueron secuestradas y convertidas en un privilegio para gente educada, la tradición oral jamás dejo de existir pero fue degradada a algo de gente con poca educación, mientras la palabra escrita se encumbró como una forma de arte de lo más civilizada, la literatura, sobre todo la literatura de los países europeos e imperialistas, pues al llegar a nuevas tierras sus conquistadores se dedicaban a censurar la oralidad de los pueblos y a alfabetizar a los nuevos siervos en las ideas eurocentricas. 



Sin embargo en las últimas décadas la oralidad ha vuelto con más fuerza a través de los podcast, qñcuyo predesesor directo podríamos decir que es el radio pero a diferencia del radio, que requería de tener una estación, licencias de transmisión y mucho dinero para tener una estación de gran alcance, con el auge del internet y la telefonía móvil, que nos permite estar siempre conectados, el formato de videos tipo blog, relatos y encima de todos ellos el podcast lograron poder nuevamente en un lugar relevante a la tradición oral, permitiendo crear nuevas historias que se transmiten de forma totalmente oral como recordar y preservar la tradición oral de las culturas antigüas, barajando conceptos como literatura oral y orilatura. 



Entonces para crear grandes historias no hace falta plasmarlas en un medio físico, si uno cuenta con una memoria prodigiosa, o una grabadora de audio, todos los teléfonos actuales tienen una, puede empezar a crear sus propias historias. Así que aunque estuviéramos prisioneros y solo tuviéramos papel de baño y una crayola solo nos harían falta las ganas de crear para empezar a escribir, o si uno estuviera encerrado, totalmente desnudo y sin ningún medio material para plasmar sus historias auqntiene su memoria y su boca para crear una narración y los oídos para contársela a uno mismo una y otra vez para memorizarla; eso derriba todos los pretextos y nos deja desnudos ante cualquier bloqueo o falta de ganas a las que tratamos de excusar con "no tengo una buena computadora", " si no es en el café no puedo escribir", "no me siento inspirado", sea el pretexto que sea, si uno tiene algo que decir encontrará la manera de hacerlo. 

sábado, 8 de noviembre de 2025

Las Quinientas 17. - Ruido Blanco

Dance of Death - Hugo Simberg(1899)



Muchos ya estarán muertos antes de que caigan las bombas. 
A veces ya no veo gente por las calles, fantasmas se arrastran. 
Miradas llenas de furia, solo hay furia, frialdad y asco en las miradas. 

Los fantasmas compran cosas, se perfuman. 
Sus mortajas coloridas, sus sonrisas asesinas. 
No han notado que están muertos, caminan. 

Alguien se ríe, se burla, un eco de las ruinas
de países lejanos y arrasados, una risa 
que se alimenta de un mar de sangre y llanto. 

Todos manchados, empapados de lágrimas y sangre, 
bailamos la danza de la muerte, bailamos y reímos
hasta que alguien más sea salpicado con nuestras entrañas. 

Silencio. 

Silencio, cállate por lo que más quieras. ¿Qué no oyes los fantasmas? 

Solo escucho ruido blanco. 

Se nos olvida lo delicioso que puede llegar a ser el silencio, al silencio lo hemos desterrado de nuestras vidas, nos hemos hecho dependientes del ruido, aunque este no signifique nada, esté vacío de contenido, en especial cuando estamos solos, necesitamos tener algo sonando a nuestro lado, ruido blanco, sea música, las noticias en la televisión, algún podcast o los ruidos del tránsito al pasar, de la muchedumbre. de la ciudad. Más ahora cuando todos traemos en el bolsillo una maquinita de ruido blanco, un espejo que más que espejo es ventana y que nos ayuda a escapar de la soledad y del silencio al asomarnos a la vida, o lo que creemos que es la vida, de otras personas. Tenemos la cabeza llena de ruido, tenemos la mente envenenada, estamos más solos que nunca, nos diluimos y poco a poco nos vamos convirtiendo en ruido blanco. En parte del mobiliario de la ciudad, de la oficina, de la fábrica, de la tienda, nos convertimos en un accesorio de decoración, en escenografía que no piensa, no imagina y no siente, solo se mueve al ritmo que su prisión le impone. 

Y será así hasta que una fuerza externa, o interna, haga volar todo por los aires, cuando la normalidad, lo cotidiano, la costumbre o la verdad histórica se derrumba solo queda correr para salvar la vida, entonces todo vuelve a recobrar vividez y certeza, y las subjetividades, prisiones metafísicas, que nos oprimían a diario se derrumba ante la realidad material que arde, que explota y se hace añicos. Para muestra solo tenemos que voltear a ver a medio oriente, África y otros tantos países del sur global, e incluso en ciertas regiones de México, cuya brutal realidad material no deja lugar a miedos y preocupaciones metafísicas o existenciales, ahí la supervivencia apremia y es urgente. 

Mientras tanto, en lo que la brutalidad de una manera de vivir qué aun no nos ha alcanzado pero que alcanzamos a ver en el horizonte, como una tempestad a la distancia, de la que vemos sus relámpagos a lo lejos y de vez en cuando nos llega el eco de un trueno, nosotros estamos atrapados en una cinta transportadora que nos lleva de la cama al trabajo y del trabajo a la cama casi a diario, a veces, cuando toca descanso, nos lleva a los centros comerciales, las plazas, los cines o a donde haya novedad. Donde podamos escapar del silencio, de estar cara a cara con nuestros propios pensamientos, de los ecos del pasado, de los reproches qué nos hacemos, de la culpa, de él tiempo que se nos escurre entre las manos. Buscamos callar nuestro ruido interior con el ruido del exterior, y en el proceso nos llevan al matadero, en el proceso de vivir ignorando nuestra propia vida , yendo en piloto automático, se van corriendo los años. 

Vamos buscando el ruido blanco. 



52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 18.- Festín de Bestias 1

  Festin de Bestias 1 Los relámpagos danzaban en el horizonte y los truenos apenas se distinguían como un eco lejano, escurriéndose entre el...