domingo, 22 de febrero de 2026

52 Semanas de cuentos.- Cuento de la semana 7.- El Rebaño

 


Cuento de la semana 7, del 16 al 22 de Febrero.


Cada vez eran más, cada que un compañero era despedido o renunciaba al no aguantar el ritmo de trabajo su puesto era ocupado por uno de ellos; esbeltos, pálidos, de cabellos negros y ojos que apenas parecían tener la chispa de la vida, todos idénticos, igual peinado, igual forma de la cara, igual altura, igual complexión e igual uniforme; sí, parecían tan humanos como ella pero todos los que quedaban en la empresa se daban cuenta que no lo eran, su manera de actuar, de expresarse, de comer y hasta de pensar, totalmente enfocados en su tarea, no había nada más allá para ellos, no le dirigían la palabra a nadie excepto para tocar temas competentes al trabajo. Laura , y ella estaba segura, sus compañeros los detestaban.


En la empresa todos ellos cubrían un turno de doce horas con un descanso de un par de horas para la comida en su jornada laboral en la planta; su sección se dedicaba a capturar y procesar información para bases de datos de diversos clientes, había veinticinco puestos de trabajo en la sección de captura y procesamiento de datos de los cuales díez eran ocupados por miembros de la plantilla original y díez por los humanos artificiales que se habían ido integrando  con el paso de los años. El grupo de Laura los llamaba "el rebaño".


Los miembros del rebaño eran más eficientes, atentos y comprometidos con el trabajo que cualquiera de los compañeros de Laura, incluso eran más diligentes que ella misma, cuando ella y sus compañeros llegaban a las siete  de la mañana el rebaño ya estaba ahí, tecleando y trabajando afanosamente, cuando era la hora del almuerzo el rebaño comía en una mesa aparte, comían rápido, cuando a los trabajadores originales les permitían tomar un par de horas de comida el rebaño comía en media hora e iban al baño en ese lapso para después regresar a la oficina a continuar capturando datos con su habitual eficiencia; cuando Laura y los otros cuatro se retiraban de sus puestos el rebaño se quedaba, una vez un tipo se quedó hasta que los del rebaño se fueron, estuvieron tecleando hasta las cuatro de la mañana. Él se obsesionó con competir con el rebaño, trató de seguir su ritmo un par de semanas hasta que, debido al estrés, se terminó colgando en su habitación. Entonces eran once y tan pronto como el tipo fue enterrado otro miembro del rebaño lo sustituyó. Los restantes sabían que no podían competir con esos humanos artificiales, estaban diseñados para ser mejores que ellos en ese trabajo específico y eventualmente los reemplazarían a todos.


Una vez Laura se quedó rezagada a la hora del almuerzo con la excusa de que había olvidado algo, su intención fue hacerle unas preguntas a uno de los del rebaño

-H-24-pregunto a uno de los humanos artificiales, el cual dejó de teclear y la miró con sus ojos con apenas brillo.

-sí señorita Laura- dijo con cortesía

-quiero preguntarte una cosa-

-estoy por terminar los reportes y la estadística señorita, si eso es lo que la preocupa, según yo, no estoy atrasado- 

-lo se, ustedes nunca se atrasan-a  Laura  le pareció ver una chispa de orgullo en los ojos de él.

-entonces dígame señorita-la apremió humano artificial

-¿Cuántas horas duermen al día?-  hace tiempo que se lo preguntaba.

-Dos horas señorita-la miró como desconcertado- dígame, ¿esto que tiene que ver con el trabajo?

-ah, nada, era una duda personal- dijo ella sonriente y añadió- solo dos horas eh, si que están bien diseñados

-Disculpe señorita Laura,¿Puedo preguntarle algo?

-si h-24-Laura se moría de curiosidad

-¿Quién los diseñó? ¿por qué son tan ineficientes?

-Nadie, nosotros somos así, evolucionamos supongo- comentó Laura- es decir antes había animales parecidos a los humanos y con el pasar de las generaciones su descendencia se convirtió en nuestra especie; ¿No sé si lo entiendas?

-mmm, lo entiendo, es como una actualización, ustedes son la versión actualizada de los antiguos seres parecidos a humanos, mmm y nosotros somos la actualización de ustedes- h24 dió un respingo de alegría como lo hace alguien que a hecho un gran descubrimiento

-ahh- Laura se quedó boquiabierta

- volveré a trabajar si no le molesta

-no te preocupes, igual ya me iba, gracias por la charla, supongo

-si, señorita, muchas gracias


Laura casi corrió al comedor, cuando llegó se sirvió mucha comida y se apresuró a devorarla con ansiedad. 

-¿qué tienes Laura?- preguntó John

Ella lo miró, llena de miedo y dijo

-ellos son el futuro, nosotros no podemos competir


Un momento después el rebaño entró al comedor, tan silenciosos, tan ordenados, tan fríos e inhumanos, Laura sabía que los altos mandos tarde o temprano iban a reemplazar a todos por esas cosas. Ella lo sabía y el rebaño también.






lunes, 16 de febrero de 2026

52 Semanas de cuentos.- Cuento de la semana 6: Fragmentos 1

 Del 9 al 15 de Febrero.



03-08-2032

Anwtes de aquello pensaba que la noche era para dormir, que uno podía estar a salvó cerrando con llave la casa, hechando  tres candados a la puerta y poniendo barrotes en las ventanas. Aislado de el mundo exterior, de la noche y sus peligros, de la gente que no tenía hogar en el cual atrincherarse. Entonces la vida cotidiana era una niebla que nos adormecía, un cómodo lecho dónde podíamos dejarnoshacer vie2jos y  engordar  sin culpa.  Cuando aquello apareció de la nada para arrebatarnos una seguridad que ya dejamos por hecha tuvimos que dejar atrás todo, los trabajos, las casas, los títulos, todo lo que fuimos; nosotros, los que estábamos cómodos con un salario de cinco cifras fuimos los que quedamos desnudos, los que apenas ganaban para llevarse un pan a la boca se adaptaron rápido, los millonarios huyeron a sus bunkers con su personal de confianza.


Nos acercabamos  a dos mil treinta, el mundo se llenaba de conflictos y los ideales de libertad y justicia que por décadas habían sostenido la máscara de humanidad del sistema  se habían caido, dejando a la vista unas fauces insaciables y vampíricas, deseosas de extraer hasta la última gota de sangre de la tierra y de los seres que la habitaban. A pesar de que los escándalos de corrupción y perversión de los líderes del mundo era transparentes,  como nunca antes lo habían sido, pocos alzaban la voz, fue como si la humanidad entera estuviera pasmada, al principio eso me molestaba, pero más adelante comprendí ¿Qué se podía hacer contra los dueños de ejércitos y arcrnales nucleares? Más temprano que tarde los tiranos se quitaron sus disfraces y dejando de jugar a la democracia trataron de hacer de sus países su personal Corea del Norte,  si aquello no ocurría quizá se hubieran salido  con la suya, así cuando un futuro de tiranía y esclavitud parecía caer sobre la humanidad un horror más grande llegó para desplazarlo y presionar a todos a una caida libre hacia la extinción, a la fecha ya no se si sobrevivir es ganancia.


10-08-2032


Recuerdo que seguíamos las noticias de la violencia la prevención y la guerra a través de las redes sociales como si se tratara de un reality show en el que todos participamos, supimos a través de ellas que las grandes potencias se amenazaban mutuamente con lanzarse bombas nucleares, además  grupos terroristas y carteles del narcotráfico se estaban haciendo con material nuclear para crear sus propias armas nucleares caseras para tomar el control de porciones de países, todo parecía encaminarse a la tan tímida y  esperada por muchos tercera guerra mundial, para los hombres de dinero este era una oportunidad de hacer millones, eso era para lo que ellos vivían para hacer millones a través del medio que fuera necesario,  de todas maneras ellos ya tenían sus búnkers preparados para que  cuando las bombas cayeran poderse ir a esconder como cucarachas; Sentíamos que esos oscuros tiempos están próximos nos equivocábamos, no porque no vendieran tiempos oscuros sino porque venían tiempos con una oscuridad que jamás habíamos imaginado, fue cuando en medio oriente, todo pasa en medio oriente por alguna razón, se detonó una bomba nuclear  y cuando parecía que todo iba a escalar definitivamente una catástrofe entonces aquello pasó; la boca del infierno se abrió pero  los demonios no salieron de las entrañas de la tierra los demonios cayeron del cielo.


Fue de noche, la aurora boreal cubrió el cielo llenandolo de colores, entonces el firmamento se partió, como si una pantalla de cristal se hubiera quebrado, como si una fuerza incontenible, de fuera de esta realidad la hubiera atravesado,  entonces se puso ver  una grieta, como una desas fosas oseanicas,  y vimos ojos, y vimos formas que parecían asomarse, y entonces calleron, negros como el petróleo, lustrosos, informes como pesadillas, cada uno tenía innumerables ojos y bocas,  se desparramaron sobre el mundo, sobre las ciudades, y empezaron a devorar asimilar todo con avides. Ahí todo se dió por perdido.


domingo, 8 de febrero de 2026

52 Semanas de Cuentos:Cuento de la semana 5.- Pedro Pardo 1.- El Miqui.

 


Un día Pedro decidió apartarse, dejar de participar en el demente juego en el que todos participaban, fue cuando se dió cuenta que la única recompensa por destruirse en cuerpo y alma eran una serie de promesas vacías, que no solían llegar a nada y si a caso llegaban lo hacían cuando ya estabas tan viejo y cansado que el cuerpo ya no tenía fuerzas para disfrutar los beneficios de tanto trabajo.  Fue después de la muerte de sus padres y del distanciamiento con el resto de sus familiares que se dió cuenta que no tenía compromisos que lo ataran a continuar en el juego, desde mucho tiempo atrás notaba que muchos habían llegado a la conclusión de que el juego era una estafa, una bien gorda,  mas para entonces los jugadores ya habían adquirido tantos compromisos que era, de facto, imposible bajarse, salvó a través de la muerte y para su inconveniencia a él le gustaba mucho vivir. 


Así pues no tenía esposa, ni hijos, ni mucho menos casa, y la casa de sus padres la había absorbió el banco pues los viejos tenían un préstamo con la hipoteca de la casa como respaldo, tenía treinta días para desalojar le habían comentado, tampoco tenía mucho dinero en efectivo, más que nada tenía tarjetas de crédito, se había afanado en crear un buen historial crediticio,  y en cuanto el dinero para su vejez lo tenía atorado en una aforé hasta que cumpliera sesenta y cinco años, si el gobierno no subía la edad para pensionarse. Lo único que era suyo en casa de sus padres  además de su ropa y una laptop era una vieja camioneta tipo combi.


Lo primero que hizo fue dejar de ir a trabajar, así sin dar explicaciones, incluso bloqueo a su jefe y a sus compañeros, también abandono los grupos de WhatsApp del trabajo. Después subió sus pertenencias a la combi, al menos lo que quería quedarse y se puso a vender las pertenencias de sus difuntos padres por mercado libre, market place, Amazon, incluso hizo una venta de garaje. Sus padres tenían una buena reserva de alimentos, al parecer había ido al super antes de fallecer en un accidente de tránsito, del cual les hecharon la culpa por ser muy viejos para conducir.


Aún así le quedaron muchas cosas que no se vendieron, por lo que decidió poner un puesto en el tianguis, subió las cosas que quería vender a la combi y una mesa plegable y se puso en marcha.  Ya instalado  solo esperó a que los clientes llegaran y, entre regateos logro vender varias cosas, ya tenía alrededor de mil pesos; A medio día vio acercarse a un enano que montaba una cuatrimoto, llevaba ropa con texturas militares, gafas de sol y  con corte de pelo al ras, como de soldado, iba hablando por un radio o que se colgó en la cintura cuando freno su vehículo.


-Y a ti quien chingados te dió permiso de poner tu puestillo pedorro-Dijo el enano en tono burlón y autoritario.


La escena fue tan surreal que estuvo a punto de reírse, habría hecho si no fuera por qué dos motos más se estacionaron  junto a la cuatrimoto, sus ocupantes eran hombres que cualquiera identificaria como maleantes, más que nada por las pistolas tipo escuadra que portaban junto a los radios, llevaban gorra y gafas de sol.


-Perdón, no tenía idea que se necesitaba permiso señor.

-Señor Miqui-Dijo uno de los hombres con una voz áspera.

-El Miqui- Comentó el otro. 

-Ok, no sabía que necesitaba permiso señor el Miqui, ahorita levanto todo y me voy.

-No, no, no, no- dijo el Miqui- Ya te pusiste, ahora tienes que pagar la cuota del día, a esta gente- Dijo mirando por encima del hombro en dirección a los otros puestos- les cobró 500 pesos por ponerse el fin de semana, Pero a ti por ponerte sin permiso te voy a cobrar mil, pagas o te mandamos a la verga  todo este desmadre.


Mientras sacaba el dinero para pagarle al Miqui no podía despegar los ojos de las armas de los otros dos hombres. Cuando le entregó el dinero al Miqui este lo contó  sonriendo al finalizar. Hecho un rápido vistazo por la mercancía que estaba sobre la mesa.


-¡Qué chingón mantel!- dijo el Miqui- tomando entre sus manillas el mantel que en otro tiempo era el favorito de su madre- se lo voy a llevar a mi jefecita ¿Cuánto?.


-200- Dijo medio tartamudeando.


El Miqui le pagó con lo que antes había Sido su dinero, guardo el mantel en una bolsa que colgaba del asiento.


- Muy bien carnalito, acuérdate que cuentas claras amistades largas, aquí todos venimos a hacer billullo, espero que vengas seguido, traes buenas cosas, ¡Bienvenido al tianguis!-  El Miqui  arrancó la cuatrimoto y se fue calle arriba entre risas, seguido de sus escoltas. 


El resto del día  lo paso entre ventas y regateos, cuando caía la tarde tenía alrededor tres mil pesos en el bolsillo y levantaba su puesto mientras se tomaba un tepache que había comprado a un vendedor ambulante.  El Miqui pasó de regreso, saludando a los dueños de los puestos, cuando la cuatrimoto se paró una vez más frente a su lugar el Miqui sonreía.


-¿Qué tal la venta carnalito?

-Buena, es muy movida la gente- Pedro tenía que le cobrarán una comisión sobre sus ventas.

-Simon, te esperamos mañana.

-Vere si puedo, a lo mejor traigo más cosas.

-Tu sabes si vienes, de todas formas ya me pagastes por el fin de semana jajaaj.


Pedro sonrió más por compromiso que por verdadera gracia. 


-Acá adelante hay unos jochos bien chingones- dijo el Miqui lleno de pasión- me voy a atravesar unos cuatro.


La cuatrimoto arrancó llevándose a su jinete en dirección a los puestos de comida que se alcanzaban a ver a la distancia. Pedro terminó de subir sus cosas a la combi, su estómago gruñía,  pensó en los jochos, iría por unos al malecón.  Al día siguiente regresaría al tianguis, total, ya había pagado los dos días.


domingo, 1 de febrero de 2026

52 Semanas de Cuentos.- Cuento 4: La montaña.


Cuento de la semana 4, del 26 de Enero al 01 de Febrero.

La Montaña


Salieron del campamento temprano, aún no caía nieve pero el frío los hacía castañear los dientes, se abrazaban a sus fusiles como si de su frío acero pudieran extraer algo de calor, era seguro que nevaría por la noche, una neblina ligera cubría las faldas del cofre de perote; los tres iban en busca de algo de leña y a revisar las trampas, comida y calor, el invierno avanzaba indiferente a las tragedias de la vida humana. La camioneta en la que viajaban avanza como a tropezones en el empedrado camino al bosque de pinos, de subida no solo luchaban contra el maltrecho camino, también lo hacían contra la gravedad y si no se apuraban también lo harían contra el clima. 

Pronto llegaron a un terreno llano donde los turistas solían acampar, Gaspar conducía y antes de detener la camioneta, su “carcacha” la llamaba, le dio la vuelta para que quedara la trompa apuntando hacia el camino “por si hay que salir corriendo” pensó. No apagó el motor. 

-Revisen sus armas muchachos- Dijo Armando que era el mayor de los 3. 
-Listo- Dijeron Gaspar y Jesus a la vez. 

Los tres sabían que el Cofre ya no era territorio del hombre, toda la gente de los Altos y los pueblos de los alrededores lo sabían, así como sabian que la era en la que el ser humano podía dormir tranquilo por las noches se había acabado décadas atrás, la montaña ahora era el hogar de una bestia y los pueblos de los alrededores su coto de caza, siendo el ganado y los seres humanos su presa favorita. No podían huir, el mundo entero estaba igual, “ni modo, toca aguantarse” solía decir Don Jorge. 

Bajaron despacio de la camioneta, avanzaron juntos hasta una pequeña cabaña donde había un montón de leña, sabían que la criatura no salía cuando la neblina y el frío se iban así que los hombres del pueblo subían a cortar toda la leña que podían y a prepararla para bajarla en los días más soleados y cálidos, en los días como este subían varias partidas a buscar leña y caza menor, y aunque había algo de niebla la criatura no salía a menos que esta se hiciera más densa. Aun así estaban intranquilos pues la niebla podría cerrarse en cualquier momento. 

Mientras Gaspar y Jesus cargaban la leña en la batea de la camioneta Armando vigilaba los árboles y la niebla, después de varios viajes pudieron llenar hasta la mitad la batea, el aire se hizo más frío, caminaron juntos por los alrededores revisando las trampas que habían colocado con días de anticipación, lograron meter a sus bolsas tres conejos y dos gallinas salvajes, cuando caminaban entre los pinos, rumbo a la ubicación de la última trampa el viento empezó a mover las ramas, desde donde estaban podían ver la parte más baja de la falda de la montaña, observaron el viento recorrerla barriendo la neblina y moviendo las copas de los árboles, el siseo de la hojarasca llenó sus oídos.

La trampa estaba vacía, la habían roto, el conejo había consumido el cebo y escapado. Des hicieron sus pasos rumbo al claro donde habían dejado el vehículo de Gaspar, a medio camino un estallido seco los hizo detenerse, luego escucharon un segundo y un tercero, conocían bien el sonido pues los fusiles que ellos mismos cargaban sonaban igual, anduvieron más despacio, vieron como un banco de niebla bajaba por la montaña, como una ola en cámara lenta, otra ronda de disparos los invito a acelerar el paso. Cuando tuvieron a la vista la camioneta Jesus y Gaspar iban a echarse a correr pero Armando los alcanzo a agarrar de las mochilas, obligandolos a agacharse casi a pecho tierra con un firme tirón, cuando los jóvenes estaban por protestar él hombre señaló con una mano firme algo que había entre carcacha de Gaspar y ellos, dándoles la espalda. 

La criatura era una silueta apenas visible entre la niebla, que la acompañaba en su despliegue, de pie entre el vehículo y los hombres, concentrada en devorar a su presa, el lamento del hombre que era desmembrado por la bestia sacó de su transe a los hombres, que instintivamente se juntaron hasta quedar hombro con hombro, tumbados contemplaban la escena, la cosa con una talla superior a los dos metros y con un volúmen tal que cada uno de ellos pensó que las balas de sus confiables armas tendrían dificultad en abrirse paso entre sus carnes; el hombre, con el que la bestia se afanaba, gemía y sollozaba como si ya no tuviera fuerzas para gritar por auxilio, los otros ni siquiera pensaron en ayudarlo. Un par de hombres más salieron de entre los árboles que estaban del otro lado, los compañeros de expedición de el desafortunado, y comenzaron a disparar sus armas contra la criatura, para está eran una leve molestia a la hora de la comida, como una de esas moscas que no deja de molestar.

-¿Que va a hacer ese idiota?- Dijo Gaspar mientras veían como uno de los hombres lanzaba una Molotov a la criatura, tuvo la suficiente puntería o la mala fortuna de acertar de lleno a la criatura, prendiendo la en llamas junto con el hombre al que pretendían salvar, esté reanudó sus gritos, el monstruo grupo horriblemente y con un movimiento de una de sus patas aplastó la cabeza de su víctima, silenciandolo en el acto y así medio en llamas se lanzó contra los otros hombres, los cuáles emprendieron una carrera en dirección al bosque, perdiéndose entre los árboles y la niebla.

Gaspar, Jesús y Armando corrieron a la camioneta, mientras bajaban del cofre por el maltrecho camino escuchaban gritos de hombres, detonaciones de armas y alaridos de la bestia. En una curva alcanzaron a ver el brillo anaranjado de las llamas. La niebla parecía escoltar su descenso del cofre, avanzando lentamente a sus espaldas, a lo largo del último tramo reinó el silencio, entre ellos y en ambiente mismo, como si las criaturas se ocultaron en sus madrigueras a la espera de una tormenta, cuando dejaban el camino de la montaña empezó a caer una nieve pesada, casi granizo y para cuando llegaron al poblado de los Altos la nevada ya era intensa en el cofre. Cuando llegaron al pueblo otros hombres y mujeres los ayudaron a descargar la leña y otros tantos tomaron la caza y la llevaron a la cocina. La noche iba a ser fría.

Más tarde, ya pasada la media noche, los tres hombres estaban reunidos con sus pares en la casa de uno de los viejos del pueblo, discutían la expedición del día y al pasar lista descubrieron que ninguno de los que habían salido por la mañana faltaba, las víctimas de la criatura entonces eran personas de alguna otra comunidad; Bebían café de olla, el cuál dejaron a un lado cuando los perros del pueblo empezaron a ladrar, la voz de un hombre rompió el silencio de la noche, pedía ayuda. El hombre llegó a la casa donde se realizaba la reunión y tocó la puerta, el viejo, señalando la puerta con la barbilla, dió la orden de que lo dejarán pasar.  

Gaspar reconoció enseguida al hombre, era el loco que le había lanzado una bomba Molotov al monstruo, estaba cubierto de nieve, mucha de ella teñida de rojo y daba la impresión de que le habían derramado encima un raspado de grosella. El hombre apenas y se mantenía en pie, lo acercaron a la estufa de leña para calentarse, balbuceando les contó como la bestia había perseguido a su grupo, atrapando sus compañeros y arrastrandolos bosque adentro, dijo que la criatura aún lo seguía cuando empezó a caer el agua nieve y que cuando la neblina se volvió tan densa que no le dejaba ver más allá de uno metros está dejo de seguirlo, dijo que caminó sin rumbo entre el campo de niebla, sintiendo como la nieve, que era más granizo, lo golpeaba, llegó a pensar que moriría congelado y perdido en la montaña pero los ladridos de los perros, que alcanzó a escuchar a lo lejos, le ayudaron a orientarse. 

Los perros ladraron de nuevo, está vez no era el tono de alarma que usaban cuando un desconocido se adentraba en su territorio, eran ladridos de terror, casi aullidos desesperados, y no solo los perros, los gallos, gallinas cacareaban como locos, las vacas y los pocos burros que había gemían en la noche, Gaspar señaló al extraño:

-¡Viene por este!

Todos los hombres siguieron el dedo acusador de Gaspar, sabían que la criatura era astuta y rencorosa, que nunca olvida una ofensa.

-Le prendió fuego- Apuntó uno de los hombres - Lo encabronó.

-No, señores, yo nomás quería salvar a mi amigo, la cosa esa se lo estaba comiendo.

-¡Tranquilos señores! No vamos a sacar a este hombre a la calle en esta noche tan fría, no sabemos si eso viene o pasa cerca, no nos dejemos llevar por el pánico.

Cuando los alaridos de los animales llegaban a un éxtasis maníaco y los hombres reunidos en esa casa se miraban en silencio, la puerta fue arrancada y por el umbral entró la bestia, los hombres la describirían después como si al cuerpo de un gorila le hubieran puesto la cabeza de un tigre y las garras de un oso, aunque al final ninguno podría describirla con certeza pues la oscuridad y el terror hizo que muchos apartaran la mirada, cerrarán los ojos o simplemente decidieran no recordar al monstruo, la criatura entro a la casa y se lanzó sobre el hombre, atrapandolo con sus garras y fauces para arrastrarlo hacia la noche. Los hombres escucharon los alaridos del hombre durante un rato hasta que se pronto, junto con el alboroto de los animales, cesaron. El frío de la noche entraba por la puerta, el fuego de la casa se había apagado. Un último grito distante hizo que todos dirigieran la vista en dirección de la montaña.

52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 18.- Festín de Bestias 1

  Festin de Bestias 1 Los relámpagos danzaban en el horizonte y los truenos apenas se distinguían como un eco lejano, escurriéndose entre el...