domingo, 26 de abril de 2026
52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 16.- Algo de Veracruz.
domingo, 19 de abril de 2026
52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 15.- Edgar Rose 1
Edgar Rose 1
Estaba dejando todo atrás, en un océano sulfuroso de recuerdos agrios; las paredes de mi habitación eran blancas, ese día decidí pintarlas de celeste para que todo esto no parezca un manicomio y para que no acabe creyendo que estoy loco. Café y un pan dulce, el desayuno ordinario, bañarse y vestirse para ir al trabajo; no había tanto que hacer, tendría tiempo de pintar el cuarto al regresar por la tarde; cuando llegue al domicilio del cliente me recibió una mujer bastante angustiada, me hizo pasar y me llevó rápidamente a la recámara donde estaba su hija, que era más grande que mi departamento y sin tomar en cuenta el baño, la muchacha estaba en la cama, arropada de pies a cabeza, pálida como la muerte y con la melena castaña despeinada, al sentir mi presencia, o mi mirada, centro su atención en mí y me escaneo con un par de ojos feroces y ajenos a la infancia, los mios que nacieron con el don de ver más de lo que yo quisiera me mostraban al ser que usurpaba el cuerpo de la joven.
Estaba yo frente a una muchachita de entre quince o dieciséis años y que muy probablemente seria una mujer esplendorosa; también estaba frente a un demonio que tomó una vida inocente para divertirse.
Su madre quito la sabana que la cubría para mostrarme que la muchacha estaba atada, me explico que un vecino la había ayudado a hacerlo; la mujer me había explicado con anterioridad la situación por la que pasaba su hija, me dijo que los medicos le habían diagnosticado una serie de enfermedades mentales, que al principio lo creyó y sometió a su hija a los tratamientos pertinentes que lejos de ayudarle empeoraron las cosas al tornar a la niña más agresiva; me contó con angustia como le suministraban calmantes a su hija y como estos parecían no surtir efecto. Cuando la mujer empezó aescuchar ruidos de pasos y extrañas risas en lugares inesperados de la casa el miedo se apodero de ella y más tarde se transformados en pánico al escuchar, al rededor de la una y las tres de la madrugada, gritos y risas demenciales procedentes de la habitación de su hija; desde entonces recurrido a cualquiera que le ofreciera una solución, santeros, sacerdotes y demás gente dedicada a la "sanación espiritual" y a la estafa desfilaron frente a la muchacha, todos fallaron; los falsantes siempre fallan.
Me sente a un lado de la chica que me miro con sus ojos llenos de desprecio; yo no la miraba a ella, me consentraba en el gusano que llevaba puesta su piel y que tenia la conciencia de la niña prisionera en algún lugar. Le coloque mi mano en su frente, en la zona del Ajna o tercer ojo, a lo que ella respondió con gruñidos y frenéticos intentos de morderme; cerre los ojos y me presipite al interior de su mente.
La mente de un adolecente es confusa y se encuentra en constante cambio, como una ciudad en renovación, tiene una frescura natural y un aire de romanticismo, puede haber musica por doquier o pinturas, o cualquier otra expresión artística; en definitiva la mente de un adolecente, o de la mayoria, suele ser un lugar alegre; caótico pero alegre. La mente de un adolecente invadida por uno de estos parásitos que llamamos demonios es otra cosa; a diferencia de la natural frescura de la de un joven, esta se siente fría y vieja; como si algo antiguo hubiera impuesto su propio orden. Llegar, o aparecer, en ese nivel de realidad es algo desorientador, pero tan pronto toque el "suelo" me puse en guardia pues el gusano se movía en esos dominios, y no estaba en sus planes perderlos. Andube entre las ruinas de una escuela y de una casa, caminé por la orilla de un lago contaminado y anduve hasta llegar a un templo como una gran catedral negra; Entré en ella y encontré lo que buscaba, una muchachita castaña se encontraba tendida en posición fetal en el centro del templo, unos metros más adelante estaba el demonio que al verme sonrió como sonríe un chimpancé a sus semejantes.
Era como una nube de humo negro con una macabra máscara sonriente como cara; me inque junto a la muchacha y coloqué mi mano en su frente, como lo hacia mi yo físico, el gusano rugio y se lanzo furioso sobre nosotros. Después hubo muchos gritos; grito el demonio, grito la niña, grite yo y también grito la madre de la chica cuando su hija y un desconosido que había contratado para exorcizarla se pusieron a gritar como locos.
Fue un tira y afloja, como si la cosa y yo sujetarnos una cuerda con los dientes y jalarsmos de ella con todas nuestras fuerzas, como dos perros peleándose por su juguete favorito. Bastaba un paso en falso para que me arrancará el juguete con todo y cabeza. Así que seguimos gritando y gritando hasta que encontré la oportunidad de prearle el culo al demonio, mi estrategia fue cansarlo pues al final solo disponía de la fuerza con la que contaba la muchacha y claramente ya no quedaba mucha, una vez cansado el resto fue como sorber un gran y asqueroso fideo, o un ostión echado a perder.
Cuando todo acabó desperté tendido en el suelo, la muchacha lloraba en brazos de su madre, había vuelto a ser la misma de antes, o quizá no, luego de esas experiencias uno ya no puede ser el mismo de antes, que me lo digan a mí.
Después del susto les asegure a madre e hija que su visitante no volvería; Aura, la madre, estaba feliz por ver a Sofia, la hija, cuerda de nuevo, la chica aún estaba pálida pero por lo menos ya no haría cosas raras por las noches. Aura me pagó y me agradeció, yo le recorde la garantía de que no volvería, treinta días o le regreso su dinero,el gusano y me fui a casa.
Al llegar a casa vomite en el retrete, una espesa pasta negra y amarga; cuando salí del baño mire las paredes blancas de mi habitación y pensé en pintarlas otro día, me tendi sobre la cama con la satisfacción de haber eliminado a otro gusta del mundo y de tener quince mil pesos más en los bolsillos.
domingo, 12 de abril de 2026
52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 14.- La prueba.
8:30 A.M.
Las naves llegaron sin avisar cubriendo el cielo de las grandes ciudades; la gente corría a verlas mientras los militares acordonaban el área bajo ellas; de las inmensas moles de metal surgió un sonido que penetró en los oídos de las personas; con una voz metálica habló en todos los idiomas :
- Especie humana somos los evaluadores; hemos estado observando a su raza y hemos llegado a la conclusión de que son un peligro tanto para su planeta como para ustedes mismos; por lo tanto decidimos extinguir su especie para asegurar el futuro de este mundo sólo así se recuperara de todo el daño que le han hecho. Mañana cuando su estrella salga por el horizonte todo habrá terminado.
Horas después las calles se llenaron de pánico; muchos buscaban a sus familiares para pasar con ellos sus horas finales; otros instauraron la anarquía; Una mujer corría pidiendo auxilio mientras era perseguida por un sujeto:
-¡Vamos preciosa dame lo que quiero! ¡no hay nada que perder! ¡¿Después de todo es el fin del mundo?!- corrieron hasta que lleno de furia logró alcanzarla y derribarla; sus manos entraron en su ropa como serpientes, apretando con lujuria todo lo que alcanzaban; la mujer chillaba y el hombre bufaba como un toro; le lamia el cuello, apretaba sus senos y deslizaba sus dedos en el lugar mas intimo de su ser; la mujer chilló con más fuerza cuando trato de arrancarle la falda y cuando el animal levantó una mano para callarla con un golpe fue tomado por el cuello de la camisa y arrojado a un lado; ¡bam! Un disparo hizo eco por unos segundos.
-¡gracias! ¡gracias! ¡gracias! ¡gracias!- chillo la mujer tendida en el suelo, el hombre de cabello negro y vestido de traje la ayudo a levantarse.
–gracias me has salvado- pronunciaba temblorosamente mientras secaba sus lágrimas; él la tomó rápidamente por el cuello, ya no tenía fuerzas para defenderse, y le dijo con una voz clara y suave
–aún no te he salvado- apuntó con el cañón del arma en la sien de la mujer – pero pronto serás libre- en su cara se dibujó una sonrisa.
0.00 A.M.
El gran objeto metálico permanecía inerte sobre el firmamento; Natalia cargaba a su niña de 4 años en brazos, trataba de llegar caminando a una iglesia.
-¡Natalia!- la voz familiar la hizo voltear.
-¡Bruno!- corrieron a encontrarse.
- ¿A dónde vas Natalia?, No ves que es peligroso?, ¿no has oído del montón de locos que han incendiado autos y atacado gente?
Natalia lo miro enojada
–Claro que lo sé, ¡pero quiero ir a un lugar cerca de Dios! Donde todo esté tranquilo, donde yo y Neli pasamos nuestros últimos momentos en paz; ¡¡tu bien sabes que mi niña es lo único que tengo!!- Bruno la miró con seriedad.
-¡está bien pero tendré que acompañarte!- Natalia sonrió; el hombre que se escondía en las sombras también sonreía mientras pensaba –los salvaré a los tres.
5:00 A.M.
Natalia caminaba junto a Bruno que llevaba a la Pequeña Neli en hombros; pasaban junto a un callejón cuando un hombre de traje derribó a Bruno, Natalia corrió a levantar a su pequeña que lloraba; él trató de apartarse del atacante pero este le clavó una navaja en su brazo derecho, gimiendo rodó por el suelo para alejarse del agresor.
– ¡he venido a salvarlos!- gritó el hombre.
-¿Quién eres tú? ¿Por qué haces esto?- grito Natalia.
- ¿yo? ¿Mi nombre?; Edgar; te cuento, yo luche por ganarme la vida; por ser honesto y cuando al fin llegue a la sima ¡se acaba el mundo!¡que broma tan pesada!– Bruno se levantó y arremetió contra el; Edgar sacó una pistola y le disparó en una pierna-¡¡auch! eso debe doler- se burló Edgar.
Bruno se retorcía de dolor
–Primero irás tú y después tus amiguitas.
Natalia y su hija lloraban mientras corrían al auxilio de Bruno.
–¡eres un loco!; ¡cabrón!- gritó el herido mientras presionaba su pierna.
– jajaja Loco; okey lo admito, ¿pero qué otra cosa puedo hacer?, solo tenia tres opciones- se acercaba a ellos lentamente mientras pasaba su arma de una mano a la otra– la primera es la que tomaron los que viven de la fe; podría ir a buscar a Dios y arrepentirme; ¿saben? yo jamás creí en Dios; la segunda, era la que tomaron los que no tenían fe; suicidio; eso es para los cobardes; la tercera opción, la locura; y ahí fue cuando descubrí; ¡que siempre estuve loco!
Edgar apuntó a Bruno con el arma.
–soy su salvador; yo los liberaré del horror del fin del mundo.
El horizonte empezó a cuajar en rojo; Las naves en todo el mundo cobraron vida y un gran pulso de energía magnética estalló de ellas mientras se adentraban en el cielo nocturno; Edgar cayo al suelo en medio de terribles convulsiones mientras sus tres víctimas lo miraron temblar en el piso hasta que se quedó quieto; estaba muerto como todos aquellos que eligieron el camino de la locura.
domingo, 5 de abril de 2026
52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 13.-El bebé perfecto
52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 18.- Festín de Bestias 1
Festin de Bestias 1 Los relámpagos danzaban en el horizonte y los truenos apenas se distinguían como un eco lejano, escurriéndose entre el...



