Nos hemos muerto tantas veces.
Nos abrimos las venas.
Nos clavamos los dientes.
Te quise más de lo que me creía capaz
Pero querer es fácil
cuando no sabes medir las consecuencias.
Querer es fácil
cuando no sabes hacer nada más
y vives engañado creyendo
que vas a morirte si no te besan.
Hay dos maneras de estar al borde de la locura, la primera te destruye en un intento de seguirle el ritmo al mundo de espejismos que nos inventamos y la segunda consiste en bajarse por completo. La primera duele más a largo plazo cuando la vida misma derrumba las mentiras y tu te aferras a los engaños y autoengaños para que tu mundo o lo que corres que es el mundo no se esfume, la segunda duele solo al principio, su dolor tiene nombre, se llama soledad, y con el tiempo se le cambia a paz. La locura es inevitable, la demencia llega por colapso mental, por cansancio, por enfermedad o por que a cierta edad tu cerebro ya no da para más y se seca, se desinfla o se revienta.
Pensar que las cosas pueden llegar a estar fuera de lugar puede ser algo cotidiano cuando la rutina te aplasta, cuando te encierras en un cubículo a teclear y revisar documentos por horas, cuando te la vives en la cabina de un auto llevando gente a quien sabe donde, cuando caminas bajo el sol, trabajas duro en un parque industrial o recorres los pasillos de una tienda departamental, la repetición de estos asuntos, de la jornada laboral, con el tiempo, erosiona nuestro sentido de la realidad y nuestra percepción del tiempo, entonces todo se siente como movido, como una mancha de tinta que originalmente era una palabra y que a causa de la humedad ahora apenas y se puede leer medio adivinando las letras con las que estaba compuesta, como un delineador de ojos corrido por las lágrimas. La virtualidad no ayuda a hacer menos ese sentimiento de que algo no es como debería, no, la virtualidad, las redes sociales, se alimentan de ese sentimiento, el sentirse como si estuviéramos sobre un suelo movedizo, como gelatina, y lo promueven. Normalizan.
La sanidad mental es un intento de estandarizar la experiencia humana, dijo el loco, llámame loco pero tanta insistencia con ser “normal”, una cantaleta qué no es es repetida desde la infancia y por todas las instituciones con las que entramos en contacto: familia, escuela, iglesia, estado y mercado laboral, cansa, y si no nos cansará probablemente algo en nosotros estaría muerto, o domesticado, que a fines prácticos es parecido, vivir para los fines de otra criatura, sea un ser humano, un gobierno, una empresa o alguna fuerza no orgánica o metafísica qué se alimente de nuestra desdicha es no vivir en absoluto, vivir así, domesticado, es una locura. Que nos insistan, y que nosotros le insistamos a nuestros niños, en ser “normales”, a que encajen en un molde que nos vienen imponiendo de quien sabe donde, es una locura.

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