domingo, 8 de febrero de 2026

52 Semanas de Cuentos:Cuento de la semana 5.- Pedro Pardo 1.- El Miqui.

 


Un día Pedro decidió apartarse, dejar de participar en el demente juego en el que todos participaban, fue cuando se dió cuenta que la única recompensa por destruirse en cuerpo y alma eran una serie de promesas vacías, que no solían llegar a nada y si a caso llegaban lo hacían cuando ya estabas tan viejo y cansado que el cuerpo ya no tenía fuerzas para disfrutar los beneficios de tanto trabajo.  Fue después de la muerte de sus padres y del distanciamiento con el resto de sus familiares que se dió cuenta que no tenía compromisos que lo ataran a continuar en el juego, desde mucho tiempo atrás notaba que muchos habían llegado a la conclusión de que el juego era una estafa, una bien gorda,  mas para entonces los jugadores ya habían adquirido tantos compromisos que era, de facto, imposible bajarse, salvó a través de la muerte y para su inconveniencia a él le gustaba mucho vivir. 


Así pues no tenía esposa, ni hijos, ni mucho menos casa, y la casa de sus padres la había absorbió el banco pues los viejos tenían un préstamo con la hipoteca de la casa como respaldo, tenía treinta días para desalojar le habían comentado, tampoco tenía mucho dinero en efectivo, más que nada tenía tarjetas de crédito, se había afanado en crear un buen historial crediticio,  y en cuanto el dinero para su vejez lo tenía atorado en una aforé hasta que cumpliera sesenta y cinco años, si el gobierno no subía la edad para pensionarse. Lo único que era suyo en casa de sus padres  además de su ropa y una laptop era una vieja camioneta tipo combi.


Lo primero que hizo fue dejar de ir a trabajar, así sin dar explicaciones, incluso bloqueo a su jefe y a sus compañeros, también abandono los grupos de WhatsApp del trabajo. Después subió sus pertenencias a la combi, al menos lo que quería quedarse y se puso a vender las pertenencias de sus difuntos padres por mercado libre, market place, Amazon, incluso hizo una venta de garaje. Sus padres tenían una buena reserva de alimentos, al parecer había ido al super antes de fallecer en un accidente de tránsito, del cual les hecharon la culpa por ser muy viejos para conducir.


Aún así le quedaron muchas cosas que no se vendieron, por lo que decidió poner un puesto en el tianguis, subió las cosas que quería vender a la combi y una mesa plegable y se puso en marcha.  Ya instalado  solo esperó a que los clientes llegaran y, entre regateos logro vender varias cosas, ya tenía alrededor de mil pesos; A medio día vio acercarse a un enano que montaba una cuatrimoto, llevaba ropa con texturas militares, gafas de sol y  con corte de pelo al ras, como de soldado, iba hablando por un radio o que se colgó en la cintura cuando freno su vehículo.


-Y a ti quien chingados te dió permiso de poner tu puestillo pedorro-Dijo el enano en tono burlón y autoritario.


La escena fue tan surreal que estuvo a punto de reírse, habría hecho si no fuera por qué dos motos más se estacionaron  junto a la cuatrimoto, sus ocupantes eran hombres que cualquiera identificaria como maleantes, más que nada por las pistolas tipo escuadra que portaban junto a los radios, llevaban gorra y gafas de sol.


-Perdón, no tenía idea que se necesitaba permiso señor.

-Señor Miqui-Dijo uno de los hombres con una voz áspera.

-El Miqui- Comentó el otro. 

-Ok, no sabía que necesitaba permiso señor el Miqui, ahorita levanto todo y me voy.

-No, no, no, no- dijo el Miqui- Ya te pusiste, ahora tienes que pagar la cuota del día, a esta gente- Dijo mirando por encima del hombro en dirección a los otros puestos- les cobró 500 pesos por ponerse el fin de semana, Pero a ti por ponerte sin permiso te voy a cobrar mil, pagas o te mandamos a la verga  todo este desmadre.


Mientras sacaba el dinero para pagarle al Miqui no podía despegar los ojos de las armas de los otros dos hombres. Cuando le entregó el dinero al Miqui este lo contó  sonriendo al finalizar. Hecho un rápido vistazo por la mercancía que estaba sobre la mesa.


-¡Qué chingón mantel!- dijo el Miqui- tomando entre sus manillas el mantel que en otro tiempo era el favorito de su madre- se lo voy a llevar a mi jefecita ¿Cuánto?.


-200- Dijo medio tartamudeando.


El Miqui le pagó con lo que antes había Sido su dinero, guardo el mantel en una bolsa que colgaba del asiento.


- Muy bien carnalito, acuérdate que cuentas claras amistades largas, aquí todos venimos a hacer billullo, espero que vengas seguido, traes buenas cosas, ¡Bienvenido al tianguis!-  El Miqui  arrancó la cuatrimoto y se fue calle arriba entre risas, seguido de sus escoltas. 


El resto del día  lo paso entre ventas y regateos, cuando caía la tarde tenía alrededor tres mil pesos en el bolsillo y levantaba su puesto mientras se tomaba un tepache que había comprado a un vendedor ambulante.  El Miqui pasó de regreso, saludando a los dueños de los puestos, cuando la cuatrimoto se paró una vez más frente a su lugar el Miqui sonreía.


-¿Qué tal la venta carnalito?

-Buena, es muy movida la gente- Pedro tenía que le cobrarán una comisión sobre sus ventas.

-Simon, te esperamos mañana.

-Vere si puedo, a lo mejor traigo más cosas.

-Tu sabes si vienes, de todas formas ya me pagastes por el fin de semana jajaaj.


Pedro sonrió más por compromiso que por verdadera gracia. 


-Acá adelante hay unos jochos bien chingones- dijo el Miqui lleno de pasión- me voy a atravesar unos cuatro.


La cuatrimoto arrancó llevándose a su jinete en dirección a los puestos de comida que se alcanzaban a ver a la distancia. Pedro terminó de subir sus cosas a la combi, su estómago gruñía,  pensó en los jochos, iría por unos al malecón.  Al día siguiente regresaría al tianguis, total, ya había pagado los dos días.


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