"The Kiss of the Siren" - Gustav Wertheimer
LA SIRENA
1
Jacinto y Dalia caminaban por la arena rumbo a su pequeña casa en la playa; recordaban aquellos días de su niñez cuando se conocieron justo en aquel lugar.
-¿Quién imaginaría todo lo que vivimos?- dijo Jacinto estrechando su cuerpo entre sus brazos, ella lo beso entre risas, solo se apartó para hablarle.
-él lo sabía- dijo mientras señalaba el mar - lo planeo todo- volvió a besarle.
2
La brisa del mar empapaba el rostro de Dalia que asomada por la ventana lo observaba intranquila.
-¿Habrá tormenta?- preguntó Jacinto.
-No lo sé; no quiere decírmelo- ella contestó sin apartar sus ojos del mar mientras él la miraba con preocupación.
3
El cielo se fue encapotando con lentitud y el mar acabó poniéndose turbio; Jacinto miraba a Dalia y ella al mar, él se dio sintió que Dalia estaba lejos, entonces la imagen de un recuerdo un recuerdo llego a su mente justo cuando el primer relámpago de la tormenta se manifestaba.
4
Jacinto era un niño y acompañaba a su padre a pescar, los dos estaban aún tristes por la muerte de María, Don Juan estaba consumido por la muerte de su esposa y el niño aún lidiaba con la realidad de la muerte; habían pasado horas desde que arrojaron la red.
-ya es hora de sacarla mijo- dijo el padre con cariño, el niño asintió en silencio; juntos jalaron la red así como juntos cargaban el dolor de su corazón.
Cuando la red cayó en medio de la pequeña embarcación padre e hijo se quedaron en silencio observando a la niña enredada entre los hilos de la red.
-¡es una sirena!- gritó Jacinto.
El retumbar de un trueno sacó al hombre de su ensimismamiento, este se acercó a la mujer que le había acompañado desde su niñez, la mujer que le había regalado el mar.
5
Jacinto abrazó a Dalia desde atrás, ella le tocó la cara cariñosamente.
-dice que viene por mi- le soltó la mujer.
-lo sé- dijo él con tristeza.
ambos se quedaron viendo el mar y el cielo; juntos sintieron su fuerza imparable.
6
El huracán golpeó la costa mientras atardecía; Jacinto y Dalia dejaron atrás la casa y corrieron a refugiarse a una pequeña selva que estaba justo detrás de la casa; sabían que no podrían escapar del mar, pero aun así corrían tomados de la mano tratando de escapar de un Océano que reclamaba lo que era suyo. Los árboles se doblaban, crujían, y después de luchar contra el viento salían disparados por todas partes; los dos tuvieron que volver sobre sus pasos esquivando cocos que se desprendían de las palmeras como balas de cañón. Corrieron contra viento aferrados el uno al otro hasta llegar nuevamente a la playa, que era invadida por olas salvajes, apenas tocaron lo que quedaba de la arena el mar los azotó con salvajismo, Jacinto y Dalia lloraban y en un último intento de vencer al destino se fundieron en un beso que esperaban fuese eterno.
7
Jacinto despierta tendido en la playa, espantado busca a su amada, grita su nombre y después de minutos de angustia vio a la mujer tendida en la arena a varios metros de él. Corrió a su encuentro y cuando llegó a su lado ella lo miró.
-me dejara quedarme a tu lado- las nubes dejaban el paso a un cielo azul mientras Jacinto y Dalia corrían para buscar refugio tierra adentro.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario