domingo, 17 de mayo de 2026

52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 19.- Lobo.

 

"Hombre Lobo"  Maurice Sand.

Cuento 19.- Lobo.



El perro no gruño ni ladro al ver al hombre con cara de lobo entrar, estaba famélico y golpeado después de la pelea a la que le había obligado a participar su amo, el hombre con cara de lobo se acercó a su jaula, el perro no tenía fuerzas ni razón para gruñir, el hombre con cara de lobo abrió la jaula, con cuidado y suavidad acarició la cabeza y el lomo del perro, el animal se estremeció y lo miró con esa mira que solo tienen los animales y que transmite más sentimientos de agradecimiento que cualquier palabra humana; El hombre con cara de lobo cerro la jaula y se dirigió a la entrada de la casa. 


El hombre borracho estaba sentado frente a la televisión en su cómodo sofá, meditaba sobre las ganancias de la pelea de la tarde, también sobre las heridas de su perro, pensaba en reemplazarlo pues ya era viejo y se estaba volviendo lento; lo sacrificaría al día siguiente y compraría uno más a Galano, que criaba canes de excelencia, pero mientras tanto tomaría una buena cerveza y dormiría frente a la televisión, después de todo, se lo merecía. Todo iba de maravilla hasta que algún fulano comenzó a tocar la puerta con urgencia, el hombre borracho se levantó del sofá murmurando maldiciones y algunas palabras sobre las madres de los que tocan las puertas en horas de descanso; En cuanto abrió la puerta de su casa se llevó la primera sorpresa; un hombre de casi dos metros vestido con un overol industrial, también llevaba unos gruesos guantes de cuero y ,coronando su extraño atuendo, una máscara de lobo, peluda y sonriente; la segunda sorpresa fue cuando el enmascarado la aferró la garganta con una de sus enormes manos. 


El hombre con cara de lobo lanzó al hombre borracho al interior de la casa y cerró la puerta tras de sí, mientras el hombre borracho trataba de ponerse de pie el lobo le dio alcance y lo derribó de una patada; la víctima gimió mientras el hombre con cara de lobo le arrancaba la camisa y con violencia la introdujo en su boca casi a punto de asfixia; El enmascarado levantó, con facilidad, al hombre borracho y lo arrojó sobre la mesa, esta no aguantó el peso de su morbidez y se rompió con un fuerte crujido; la víctima trató de gritar pero los restos de su camisa se deslizaron dentro de su garganta y comenzó a asfixiarse; el hombre con cara de lobo extrajo un poco los trapos para que dejara de ahogarse luego, tomándolo por los cabellos, lo arrastró a una habitación y lo arrojó a la cama; El enmascarado contempló a su presa, luego procedió a atarlo de pies y manos, después fue a la cocina.


Cuando el hombre borracho vio el cuchillo que el hombre con cara de lobo sostenía sus ojos se abrieron de par en par, comenzó a retorcerse en la cama asta quiso gritar pero una vez más se atraganto con los restos de su camisa; el enmascarado le saco un poco el trapo que le impedía respirar, lo miro empuñando el arma; lo vio alzar y bajar hacia su carne. Cuando el cuchillo al fin se hundió en la carne del hombre borracho por primera vez, este se retorció, gimió y un par de lágrimas surcaron sus mejillas; la segunda mordió los restos de su camisa; la tercera trato de gritar; la cuarta empezó a ahogarse con el trapo; la quinta logró escupir el trapo, que eran los restos de su camisa; la sexta lloro y trato de gritar, pero una mano enguantada le tapaba la boca; ahí fue cuando sintió el cálido aliento del lobo en su oído y escuchó su dulce voz diciendo "No eres más que un cerdo"; luego el hombre borracho se dejó acuchillar sin protestar.


Más tarde el hombre con cara de lobo regresó a la jaula del perro herido; lo cargó entre sus brazos y se alejó de la casa del hombre borracho fugándose entre las sombras que amablemente le ofrecía la noche.   


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