viernes, 26 de febrero de 2021

6.-Pensamientos Inconexos

 

Pienso que  veces es difícil estar a gusto con la situación que uno vive, es inevitable caer en comparaciones cuando la sociedad en la que vives siempre te está invitando a competir con otros además de medirlo todo, mide el éxito, mide la riqueza, mide la pobreza, mide la belleza y la fealdad y pretendeedir la felicidad. Estamos atrapados en una locura sin fin, en una neurosis que nos quita muestra racionalidad y nos obliga a actuar compulsivamemte. Vivimos compulsivamemte, llenos de miedos, de dudas y necesidades artificiales. Nos mienten a menudo con comerciales de un estilo de vida que nos hará felices y que podemos alcanzar con el dinero suficiente, pero ¿es eso lo que nos hará felices? 


Pocas  veces recuerdo lo que sueño, general mente caigo rendido, tengo un sueño muy profundo que soporta el ruido de la música puesta a todo volumen en  una fiesta o que se vaya la luz y el ventilador no sople en una no he calurosa. Cuando duermo soy como un muerto, como si acostarme a dormir fuera una práctica para la muerte. Con todo eso a veces soy capaz de recordar mis sueños, en ocasiones tengo sueños recurrentes que probablemente tengan algún significado o algún mensaje de mi mente inconsciente. 


La otra noche soñe que caminaba por una vereda y por rezo es que no recuerdo me vi obligado a entrar en una casa que estaba ahí, dentro de la casa encontré una guitarra, de un color gris perlado, la guitarra más bonita que había visto en mi vida y cuando extendí la mano para tocarla desperté. Precisamente esa guitarra ha sido un elemento recurrente en los pocos sueños que recuerdo en los últimos meses. Suelo encontrarla en mis suelos detrás de una puerta, entre unos arbustos, en una tienda de música, en la cárcel y en un cementerio. Se encuentra ahí dando vueltas en mis sueños, queriéndome darme algún mensaje que no entiendo. 


He tratado de hacer tantas cosas en mi vida; he tratado de tocar la guitarra durante años y jamás aprendí ni una canción, solamemtr notas inconexas como este texto; intente hacer ir al gimnasio pero lo deje y aun sigo obeso, intente hacerme dibujante y me harte bastante pronto, de la carrera universitaria no hablar. Dicen que los fracasos edifican, yo debo ser una Catedral o un edificio de 20 pisos. He intentado muchas cosas supongo que no logro algo bueno en ellas porque no me comprometo del todo, tal vez deba elegir alguna actividad y dedi arme obstinadamente a ejecutarla hasta con los años salga algo bueno. 


¿Dónde se fue la energía y el buen ánimo  que tenía en la infancia? 

Probablemente este atrapada, o "reprimida" si usamos un término psicológico, en algún lugar de mi inconsciente, esperando un momento para liberarse de golpe, salvajemente, inesperadamente; como  cuando un perro que jamás ha visto calle ve la puerta abierta y aprovecha la oportunidad para salir corriendo; tal vez viva una gran aventura y regrese a casa cargando nuevas experiencias o tal vez lo atropelle un coche. 


A veces se me olvida a donde voy, por eso estoy pensando en escribir mis objetivos de vida en un papel, tomarle una fotografía y ponerla de fondo de pantalla del teléfono celular, para ver mis objetivos plasmados en la pantalla  del dispositivo que tanto  me distrae y me arrepienta de perder tanto el tiempo y busque hacer algo productivo, algo que contrinulla a lograr todo eso. Tal vez funcione los primeros días pero a la larga quizá termine por ignorarlo o cambiar el fondo de pantalla pars que ya no me de tanta lata. 

 

Cuando mi madre me platica las cosas que hacía en la infancia me cuesta mucho reconocerme en ese niño al que le gustaba cantar y bailar y lo hacía todo sin pena no duda. Quiciera encontrarme con ese niño y pedirle consejo, me tendería de rodilla y le diría: pequeño yo ¿qué debo de hacer? ¿Cómo le hago? ¿Te he fallado? Perdon. Y probablemente lloraría con toda esta honda amargura que tengo atorada en mi pecho. Quizá mi pequeño yo está dentro de mi, pero lo ignoro porque tengo miedo de mirarlo a los ojos porque siento que le he fallado. Quizá si se lo pido hasta me perdone un poco. 


¿Cuántas versiones de mi han existido a lo largo de mi vida? 

No sé, no llevo la cuenta. 

Traicionarse a sí mismo es el peor pecado que uno puede cometer; el mundo nos invita a hacerlo a cada rato, quiere que le vendamos nuestra alma a alguno de los numerosos diablos que andan por ahí polulando en forma de objetos, experiencias o personas. Saben muy bien que nuestra debilidad más profunda es el miedo a la soledad y es un hecho que todos los que participamos en Internet y las redes estamos buscando escapar de la soledad. Nuestro proble es que no sabemos estar a solas  con nosotros mismos; queremos distraernos, queremos ruido, queremos que otras voces nos distraigan y opaque a nuestra vos interior que constantemente nos dice y dice que todo esto está mal, que todo esto va contra nuestra naturaleza más profunda; pero nos han convencido de que así son las cosas y debemos aceptarlas y participar en los juegos absurdos que nos inventamos para no sentirnos solos y para demostrar que valemos más que los demás. 


Meditación, gracias a ella estoy aprendiendo a estar a solas conmigo y a escuchar esa voz  interior, espero ir organizando todo poco a poco, a mejorar y retomar la ruta. Espero que no sea tarde; mientras uno esté vivo jamás es tarde, dicen los que saben.


Cuando estoy en uno de esos días que siento que todo me sabe a fracaso y que los fracasos de los años me pesan, al hacerse conciemtes una vez más, pienso en mi muerte; pienso que solo hay dos opciones, que solo puedo elegir entre esto o la nada infinita, pienso en que estar aquí tomando un café con leche  mientras tecleo este texto  es  mucho mejor que no existir. Todo es mejor que la inexistencia al menos desde mi acomodado punto de vista. Soy un privilegiado en un mundo donde existen seres humanos que jamás han visto la luz del sol o que han vivido toda su vida encadenados y con una pistola apuntandoles a la cabeza. Si, soy un privilegiado aunque a veces no sepa que hacer desde mi privilegio.

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