sábado, 12 de agosto de 2023

Las Quinientas 1.- Somos criaturas a la espera.




Edward Hopper, Eleven A. M. (1926)

Tengo que llenar la pantalla, hacer avanzar el cursor parpadeante; todos los días, todas las 

noches, en tiempos vivos y tiempos muertos. A veces pienso que toda mi vida no ha sido más que un largo tiempo muerto en el que me he pasado llenando hojas en blanco con historias con poca importancia. Pero pensar así me parece muy arrogante, como si me diera una importancia más grande de la que tengo. 


Y es que la mayor parte del tiempo la vida es una espera: Esperas el transporte público, espera a que se cueza la comida, esperas a que lleguen tus pedidos de las compras en línea, esperas a que termine el turno del trabajo, esperas a que llegue la quincena, espera a que esa persona conteste tu mensaje o tu llamada, esperas a tu cita, esperas a la persona adecuada, esperas a tus hijos que salieron de fiesta, esperas en alguna fila de algún negocio, esperas en una sala de hospital, en el dentista, en la peluquería, con la muchacha de las uñas, esperas a que el doctor te diga de que estas enfermo, esperas una respuesta, un sí o un no, esperas resultados, esperas que no pase algo desagradable, esperas que todo mejore,  esperamos que toda esta espera tenga algún significado. A llegar a algún lado.


Yo espero llegar a mi cuota diaria de palabras, a hacer que el cursor avance  y avance.


Mientras esperamos  a que pase lo que pase nos la vivimos ahogados en distracciones sin importancia, saciedad de los impulsos y apetitos del inconsciente que busca el escape del dolor y el encuentro con lo placentero. ¿En verdad esperamos algo de la vida después de darnos cuenta que todas las promesas que nos fueron hechas no son ciertas? ¿Después de saber que no vas a tener ni pensión, ni casa y trabajarás todos los días de tu vida hasta eventualmente caer muerto?


Al parecer el calentamiento global que provocamos no solamente  está derritiendo los polos, también el espíritu humano se hace agua; no esta roto pues de lo roto pueden agarrarse los pedazos y con ellos confeccionar algo nuevo, el espíritu humano se derrite y cuando tratas de agarrarlo se te escurre entre los dedos y a la larga se evapora.  Quizás, a lo mejor, jamás existió dicho espíritu humano y nos subestimamos demasiado al querer mirarnos como el animal racional, como el punto más alto de la creación; Curioso animal que al darse cuenta de que es y de que piensa, pensó que es lo mejor y que piensa lo mejor. 


Siempre esperamos de más y recibimos de menos.


Los Budistas dicen que el sufrimiento viene del deseo, y el deseo es otra manera de esperar; esperamos que nos den lo que creemos merecer, esperamos riqueza, placer, excesos, esperamos que nos quieran, que nos amen,  esperamos que nos traten bien, que nos hablen bonito, esperamos que la sociedad sea justa porque somos justos y buenos, esperamos un “bonito día” “Buenas noches, descansa” “Te quiero”, esperamos ser aunque sea un poquito importantes para alguien, esperamos a  que el mundo  y el cosmos nos traten como un protagonista y cuando no pasa sufrimos.  


Y luego nos morimos.


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