lunes, 14 de agosto de 2023

Las quinientas 2. - La redención del tiempo


 La persistencia de la memoria, Salvador Dalí

La vida es un aprender a soltar constante, un acostumbrarse a la perdida a la cual podemos llegar a generar resistencia, siendo a veces esta una triste apatía, inacción emocional, y otras más afortunadas una alegre aceptación, un "pues ni modo, vamos a comer o algo".

La perdida que quizá menos valoramos, hasta que ya es muy tarde, es la perdida del tiempo. Desde que inventamos los relojes el tiempo perdió su aire divino y se convirtió en una herramienta de control y de medida de la productividad humana, no, humana no, empresarial, de mercado, de los humanos que sueñan con ser más que los demás y que convierten todo en un negocio poniéndole precio incluso al tiempo. 

Un segundo de mi tiempo vale más que cualquier moneda o medida monetaria inventada por el ser humano, y aún así pasamos horas amontonados en el transporte público o manejando para llegar a un trabajo donde cambiamos nuestro tiempo y nuestro esfuerzos por dinero que a veces no alcanza ni para lo básico, así terminamos viviendo a crédito. 

Vivimos con prisa, refunfuñando contra el tiempo que corre tan rápido, añorando los días de la niñez y adolescencia donde el tiempo estaba de nuestro lado y los días parecían tan largos. Ahora, en la adultez, parece que todo avanza con prisa y que el tiempo juega en nuestra contra, convirtiéndose todo en fechas de entrega, plazos de pago, días festivos, días de vacaciones, tiempo de calidad. Vivimos esperando un futuro donde por fin tengamos algo de tiempo libre para disfrutar de todo por lo que hemos trabajado tanto, pero ese tiempo jamás llega, y si llega el cansancio y las incomodidades de la edad nos impiden estar tan a gusto como quisiéramos. 

La luz de las estrellas que nos llega es quizá solamente el pálido reflejo de fantasmas, la luz de las estrellas, quizá la mayoría muertas, que nos llega después de atravesar la inmensidad del tiempo y del espacio; parece que somos prisioneros del tiempo, que como un coleccionista cósmico aísla en frascos sus tesoros y los deja en la repisa uno junto a otro, tan cerca para poder verse pero separados por el vidrio, invisible para ellos, intraspasable, transparente, como el tiempo lo es para nosotros que nos deja ver luces de otros mundos inalcanzables y quizá muertos hace ya tiempo. 

Mas sin tiempo no habría nada, fue su nacimiento el punto de partida que puso en marcha todo este efecto dominó que comenzó con el nacimiento del universo y que ha llegado hasta aquí, hasta un primate que siente, piensa y que tiene la capacidad de expresar sus sentimientos y pensamientos usando un lenguaje, también hasta ti, el primate que lee todo esto. Quién sabe donde terminará todo esto, quizá sea un ciclo sin fin sonde todo nace y muere, vuelve a nacer y vuelve a morir; quizá no hay más que esto, y este tiempo no se repetirá jamás. 

Para mi el tiempo es un regalo, la oportunidad de vivir, de conocer, de leer, de escribir, de reír, disfrutar de la comida, de la música, del sexo, de amar, de llorar, de sufrir, de triunfar. El tiempo me regala todas esas oportunidades, yo se que mientras tenga algo de tiempo todo pasará para bien o para mal, si hay un Dios este nos regaló el tiempo, mientras haya tiempo viviré, cuando me abandone no seré nada. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 18.- Festín de Bestias 1

  Festin de Bestias 1 Los relámpagos danzaban en el horizonte y los truenos apenas se distinguían como un eco lejano, escurriéndose entre el...