Ngũgĩ wa Thiong'o (1938-2025) Escritor y activista Keniano escribió algunas de sus obras en papel de baño mientras fue preso político, también fue promotor de la oralitura Africana.
Fluir con el cursor, a eso aspiramos los que tecleamos, como galopar en un caballo salvaje, como aprender a andar en bicicleta, dando tropiezos, tartamudeando, buscando que la imaginación ayuda y nos ayude a poner las letras, las palabras, los puntos y las comas. A veces la hoja en blanco puede quedarse ahí suspendida, acosadora, por minutos, horas o días, el cursor parpadea, no avanza, se estanca. La hoja en blanco es un fantasma sin nombre y silencioso, acosanor, generador de insomnio. Hay que llenarla para que no espante, para que deje de señalar que la inspiración, al menos hoy, no ha venido, hay que llenarla con cualquier cosa, con sueños, metas o mentiras, con inventos o con la aleatoriedad del inconsciente.
Aún con eso escribir en una pantalla, ya sea de computadora o de algún dispositivo móvil, es todo un lujo, incluso tener una vieja máquina de escribir permite plasmar las ideas con cierta comodidad. Los escritores más nobles han plasmado más de una vez sus grandes ideas en los materiales más innobles. Sean hojas sueltas, tickets de compra, servilletas o papel de baño, en alguna prisión del tercer mundo. La necesidad de expresar sus pensamientos por escrito los ha llevado a valerse de cualquier material para hacerlo. El escritor bohemio que pasa sus días tecleando en su laptop mientras bebé un café de especialidad en un Starbucks o en su cafetería de preferencia es un invento moderno, una pantomima, una pose a la que muchos llegan a aspirar, una máscara cómoda.
Incluso en el pasado personas que tenían una memoria prodigiosa iban por ahí creando en sus mentes una increíble variedad de historias y mitos, dedicándose a contarlos de pueblo en pueblo, creando así la tradición oral, precursora universal de la literatura escrita, cuando el ser humano aún no desarrollaba la escritura, la oralidad, nos permita compartir nuestro conocimiento a cerca del mundo así como inventarnos experiencias, hacer chisme, crear criaturas míticas, monstruos y dioses. La tradición oral cayó en declive, al menos en el mundo moderno occidental y hasta principios del siglo 21, al plasmar las historias en papel, las historias entonces fueron secuestradas y convertidas en un privilegio para gente educada, la tradición oral jamás dejo de existir pero fue degradada a algo de gente con poca educación, mientras la palabra escrita se encumbró como una forma de arte de lo más civilizada, la literatura, sobre todo la literatura de los países europeos e imperialistas, pues al llegar a nuevas tierras sus conquistadores se dedicaban a censurar la oralidad de los pueblos y a alfabetizar a los nuevos siervos en las ideas eurocentricas.
Sin embargo en las últimas décadas la oralidad ha vuelto con más fuerza a través de los podcast, qñcuyo predesesor directo podríamos decir que es el radio pero a diferencia del radio, que requería de tener una estación, licencias de transmisión y mucho dinero para tener una estación de gran alcance, con el auge del internet y la telefonía móvil, que nos permite estar siempre conectados, el formato de videos tipo blog, relatos y encima de todos ellos el podcast lograron poder nuevamente en un lugar relevante a la tradición oral, permitiendo crear nuevas historias que se transmiten de forma totalmente oral como recordar y preservar la tradición oral de las culturas antigüas, barajando conceptos como literatura oral y orilatura.
Entonces para crear grandes historias no hace falta plasmarlas en un medio físico, si uno cuenta con una memoria prodigiosa, o una grabadora de audio, todos los teléfonos actuales tienen una, puede empezar a crear sus propias historias. Así que aunque estuviéramos prisioneros y solo tuviéramos papel de baño y una crayola solo nos harían falta las ganas de crear para empezar a escribir, o si uno estuviera encerrado, totalmente desnudo y sin ningún medio material para plasmar sus historias auqntiene su memoria y su boca para crear una narración y los oídos para contársela a uno mismo una y otra vez para memorizarla; eso derriba todos los pretextos y nos deja desnudos ante cualquier bloqueo o falta de ganas a las que tratamos de excusar con "no tengo una buena computadora", " si no es en el café no puedo escribir", "no me siento inspirado", sea el pretexto que sea, si uno tiene algo que decir encontrará la manera de hacerlo.

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