“John es un hombre centrado, comprometido, de pura voluntad.
Algo de lo que tú sabes muy poco…”
-Abram Tarasov, John Wick 2.
Es increíble cómo podemos mantenernos por años viviendo en una rutina que mata nuestro espíritu, nuestra creatividad y nuestra esencia por mera supervivencia, por conseguir un bocado, por pagar deudas adquiridas por razones idiotas o por deudas que son resultado de mera expectativa social, porque se espera que compres una casa, un coche o que te vayas a vacacionar a Europa.
Recuerda cuando eras pequeño y estabas obsesionado con los animales, los dinosaurios, alguna caricatura o algún juego; Tu mundo giraba en torno a eso, vivías para eso, lo hacías con alegría, una alegría que quizás no has vuelto a sentir desde que abandonaste la infancia. Estabas obsesionado, querías devorar todo lo que tenía que ver con aquello que te hacía moverte, aprender, cantar, bailar, dibujar y explorar.
Obsesión y asombro, hambre por conocer el mundo.
¿Cuándo te perdimos? ¿Cuándo nos dejaste?
¿Acaso la cedimos en nuestro sueño de ser grandes?
Si uno deja morir la capacidad para obsesionarse, de querer pasarse todo el día haciendo algo, de estar más preocupado por hacer tus dibujos , tu música, escribir unas cuantas palabras o entrenar tu cuerpo que por comer, dormir, el beneficio económico o el goce sexual, se pierde una de las fuerzas que más impulsan al ser humano a crecer y desarrollarse, o en ocasiones a la autodestrucción, si el ser humano pierde la obsesión, y el asombro, termina convertido en un animal doméstico, una criatura de granja, de corral, lista para el matadero, del cuerpo y del alma. Sin una obsesión por crear, aprender o desarrollar algo nos convertimos en los clientes perfectos de la cultura de consumo en la que vivimos, porque la criatura humana tiene un hueco en el alma, resultado de arrancar su existencia del mundo natural y ponerla en un hábitat artificial al que llamamos ciudad, que busca llenar a cualquier costo, ya sea con afecto, creando cosas o consumiendo. La mercadotecnia nos ha convencido de que la mejor manera de llenar ese vacío es con cosas y experiencias, que nos ponen tan a la mano a cambio de unos cuantos billetes que ganamos mal vendiendo nuestras vidas.
Entre distracciones y placeres hemos sido adiestrados para ser los empleados perfectos, los consumidores ideales, el buen ciudadano o por el contrario para ser los antisistema, los rebeldes, los que desafiante la legalidad viviendo una vida que raya o entra de lleno en la criminalidad, tanto el buen ciudadano como el criminal bailan al ritmo del dinero, con dinero baila el perro, y como perros nos ven los dueños del dinero, no, peor, nos miran como menos que mascotas, como bestias de trabajo, que cuando trabajan bien se les da la zanahoria y cuando no se les azota, o se les sacrifica, el buen ciudadano y el criminal son hermanos, los explotan los mismos sujetos que son dueños del dinero y que viven una vida de doble moral, no, peor, sin moral, porque solo respetan el dinero, el dinero y el poder es su obsesión: Pero igual que el buen ciudadano y el criminal, la gente dueña del dinero viven con una obsesión vacía, los primeros anhelando ser como la gente de dinero, el buen ciudadano trata de lograrlo siguiendo las reglas y el criminal a cualquier precio, las gentes del dinero estando más cerca del criminal, por estar dispuestos a todo por llenar su vacío, que del buen ciudadano, fingiendo seguir unas reglas que ellos mismos ponen y tuercen, pues suelen llegar insatisfecho a la tumba, y cuando no lo hacen adormecidos entre distracciones y placeres.
Para no morir así hay que obsesionarse, no con la riqueza, no con objetos, no con gente, hay que obsesionarse con un proceso creativo, con la búsqueda de conocimiento, con la creación. Hay que estar profundamente obsesionados con una tarea que resuene con nuestro asombro, que nos mueva en cuerpo, mente y alma, darle a eso constancia y compromiso, poner toda tu voluntad en hacerlo por encima de las distracciones y placeres que te ofrece el mundo, que en el fondo son dulces envenenados, solo así cuando lleguemos al final uno puede saber que estuvo vivo.

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