domingo, 18 de enero de 2026

52 Semanas de Cuentos 2026.- Cuento 2: Aneurisma.


Tienes que trabajar por lo menos cuarenta y ocho horas a la semana, de preferencia en un trabajo que no te guste, rodeado de gente que te desprecie y que tu desprecies, pero a la que de igual manera le sonreirás, no por hipocresía, no, les sonríes porque los ves todos los días, los ves más horas que a tu familia, más que a tu esposa, padres o hijos, más que a tu pareja o a tus amigos; Siendo de esta manera el desprecio mutuo, estando todos bien dispuestos a apuñalarse por la espalda, a echarse de cabeza o a vender los chismes y secretos a cambio de una cocacola de seiscientos mililitros. Todo esto sin perder la sonrisa de la cara. En este trabajo todos los días te parecerá iguales, no existirá diferencia entre días hábiles, fines de semana ni días festivos, la única fuerza que es capaz de romper esta rutina es el sagrado día de descanso y si llegases a durar por lo menos un año en dicho trabajo te ganarás el derecho de escapar de la rutina por una semana o dos, todo depende de la bondad de tu jefe y de tu productividad, pues aunque la sagrada ley del trabajo dicta que los días de vacaciones deben darse de manera obligatoria, la empresa en su sabiduría podrá partir tu periodo vacacional en un par de días cada dos o tres meses, o en el por de los casos, si no concluiste con las metas establecidas, serán pospuestas indefinidamente, o hasta que te comprometas con las metas y logres alcanzarlas. 


Ser adicto a las pantallas es otro punto importante, en verdad importante, pues es una manera de aislarse en verdad efectiva, encerrarse en una burbuja llena de entretenimiento infinito que te impide pensar en la soledad en la que te estás hundiendo poco a poco. No hay nada más placentero que dejar de pensar después de un largo y tedioso día de trabajo, tus amigas las pantallas siempre van a estar ahí para ti, van a estar cuando el estrés te consuma, van a estar cuando tu relación de pareja fracase y tengas que adormecer tus sentimientos para no sufrir, las pantallas van a estar para ti cuando tus padres mueran, cuando te enfermes de gravedad, las pantallas están para ti, te conocen mejor de lo que te conoces tú mismo, están ahí y se alimentan de tu atención, de tu vida misma, entonces te quedas amarrado, atrapado entre un trabajo que detestas y una burbuja de complacencia construida a tu medida para venderte cosas. Así te quedas solo, y sin embargo estas medianamente acompañado pues tu burbuja hasta cierto punto es compartida y se retroalimenta con las personas que se conectan. Tal vez estás rodeado de gente que detestas, pero al menos no estás totalmente solo. 


Existe otra soledad que no se comparte, una soledad que no se conecta con otras soledades, siendo como una caída libre, donde mientras caes no puedes comunicarte, aunque grites nadie puede escucharte, y si escuchan no entienden. Hasta hace unos pocos días yo vivía como he descrito antes, tenía un trabajo que detestaba, con unos compañeros que no soportaba, con un jefe imbécil que trata a sus empleados como a niños pequeños que no tienen el entendimiento para comprender su gran labor gerencial, vivía lejos de mi familia, pues me marché de mi ciudad natal para independizarme y ganar un poco más de dinero, en el centro del país suelen pagar más que en el suroeste, las pantallas eran mi mejor escape a esa rutina absurda, las noches eran largas y entonces pensaba que no podía existir hombre más solo y más abandonado qué yo. Entonces un día desperté y conocí la soledad del aislamiento completo, aquí hasta la compañía de mi jefe y compañeros que llegue a despreciar sería bienvenida.


Desperté un día, soy incapaz de saber ahora cuántos días han pasado desde entonces, con un intenso dolor de cabeza, rodando por la cama hasta caer al suelo, mi cabeza vibraba de dolor y un calor sofocante recorría mi cuerpo, sentía que me quemaba, el dolor punzaba y se sincronizaba con los latidos de mi corazón, cuando pensaba que me moriría todo se detuvo, entonces me quede en el suelo, sintiendo la frialdad de la madrugada, escuchando el silencio que solo era interrumpido por los ruidos de los aires acondicionados y refrigeradores de los departamentos vecinos. Me quedé en el suelo hasta que el despertador sonó. 


Bip, bip, bip, bip, bip.


Pavlov condicionó a unos perros con una campana, la ciudad me condicionó con la alarma del despertador pues a pezar de mi miedo por haber sufrido un derrame cerebral al escuchar la alarma me puse en pie y procedí a realizar mi ritual de preparación para ir a trabajar; Tendí mi cama, cepille mis dientes, me bañe y me vesti; Luego me dispuse a prepararme un miserable desyuno, pues el tiempo se me estaba viniendo encima, para rellenar el silencio puse en YouTube un video de mi Streamer favorito, entonces pensé que debía haber algo mal con el audio del video pues no podía entender las palabras, era como si estas sonaran como un lenguaje incoherente, como si escuchara un idioma totalmente desconocido, ninguna palabra tenía significado para mi, entonces preste atención al video y no te que las caras de las personas que aparecían en el video eran horribles, como si todos sus defectos hubieran sido multiplicados mil veces, pareciendo más simiescas que humanas, eran rostros brutales y perturbadores, por otro lado las proporciones corporales también estaban mal, eran exageradas y anormales, brazos demasiado largos, manos como garras, piernas chuecas, primero le atribui todo esto a la inteligencia artificial pues últimamente se habían puesto de moda videos generados por este medio que resultaba en personajes grotescos e inhumanos, cambie el video por otro, uno de los antiguos y lo mismo, no entendía el lenguaje que usaban y sus rostros y proporciones eran animalescas y horribles. Cambie de video, lo mismo, incluso los animales me parecían irreconocibles, todos sus peores rasgos estaban exagerados, deformes y fuera de lo que yo hubiese podido imaginar. 


Mientras trataba de salir de mi sorpresa mire el reloj, se me hacía tarde y fue más mi condicionamiento que mi voluntad lo que me hizo levantarme y salir del departamento. Como el edificio de departamentos donde vivía entonces no contaba con elevador bajé a la carrera por las escaleras y ya en la calle me subí al primer taxi que pasaba, un extraño balbuceo entre palabras en un idioma atragantadas y un chillido porcino me sacó de mi ensimismamiento, al levantar la mirada me encontré, sentada en el asiento del chófer a una de esas criaturas horribles que había visto en los videos de YouTube, mientras me gruñía en su extraño idioma y me señalaba con una pata deforme, sus ojillos se me clavaban, sorprendido y lleno de horror me baje del taxi y me aleje a paso veloz, no me detuve hasta que choque de frente con alguien, casi caigo al suelo por el impacto y casi vuelvo a caer, pues sentí que mis piernas se ponían aguadas, cuando vi a una de esas cosas gruñirme furiosa y pronunciado palabras que no podía entender. Cuando la cosa trató de empujarme me aparté asqueado, no quería que eso me tocara con esas garras horribles, no quería que me mirara con esos ojos de animalillo. 


Me aleje calle adentro, casi al borde del pánico, pronto llegue a una calle que estaba llena de puestos ambulantes y lejos de tranquilizarme el desconcierto y la sensación de perder el piso me inundó, en esa calle, a la que con frecuencia acudía a comprar comida, ropa y hasta películas piratas, había una pequeña multitud de criaturas, entre simio, cerdo y topo, seres deformes que realizaban la rutina que otrora realizaban seres humanos, incluso un par de ellos levantaron la garra, como saludando, como si me conocieran. Lleno de horror me alejé, saque mi teléfono para escribir un mensaje a mis amigos de confianza sin embargo los caracteres en el teclado se me hicieron indescifrables, entonces me detuve y por primera vez presté atención al mundo que me rodeaba las cosas habían cambiado donde antes había anuncios publicitarios que yo podía entender perfectamente había ahora una serie de signos y garabatos que yo no podía entender podía escuchar ruidos que probablemente fueran música pero que yo no podía entender la letra ni el ritmo ni el todo para mí eran como sonidos aleatorios. 


Así caminé por calles y calles encontrándome con muchas de esas criaturas yo le rehuía no podía entender ninguno de los carteles que había en las paredes ni siquiera entendía el idioma que hablaban esas cosas fue cuando vi una entrada al metro que me deslicé hacia adentro sin pensarlo esperando no encontrar más de esas cosas en su interior esperaba un refugio de calma más fue mi sorpresa y mi horror descubrir que la estación del metro estaba inundada de esos monstruos estaban ahí de pie esperando el metro estaban ahí vestidos con uniformes de oficina con su uniforme de Coppel de Elektra con la ropa de los trabajadores de limpia pública con traje de policía llevaban el mandado como si fueran amas de casa llevaban a sus crías cargadas a los hombros o entre sus brazos se gritaban se gruñían como enojados como si el mismo estrés que consumía los humanos también nos aquejara a ellos empecé a respirar con dificultad no podía creer lo que estaba ante mis ojos pretendía darme vuelta para alejarme de ahí pero me había arrastrado por la marea de esas criaturas hacia el interior de la estación y después hacia el interior de los vagones quería gritar pero era incapaz de hacerlo ya que el estar en contacto codo a codo hombro a hombro espalda con espalda con esas cosas me llenaba de repulsión como si estuviera ante algo que casi es humano pero que no lo es que brutalmente no lo es es diferente y mi cerebro gritara lleno de pánico que tiene que salir de ahí no sé durante cuántas estaciones se ha arrastrado Pero en cuanto tuve la oportunidad de salir salí del metro y corrí para alejarme de todas esas cosas.


Entonces procuré volver a casa empaqué todas mis cosas en una mochila que aún me acompaña y me puse en marcha necesitaba abandonar la ciudad lo deseaba con toda el alma, no podía soportar convivir con esas criaturas enfermizas, puedo decir que vague muchos días hasta que llegué a pueblos y a otras ciudades y encontraba lo mismo: Nada de gente y criaturas horribles que parecían realizar las tareas que antes realizaba la gente, como si los hubieran reemplazado; empiezo a pensar que tal vez todo está en mi cabeza que de alguna manera eso que me hace ver a los demás como seres humanos se desconectó dentro de mi cerebro y ahora puedo verlos tal y cual son, desde una brutalidad animal, desde lo bestial, le rehuyo los espejos temo que al verme en uno encuentre a otra criatura más como ellos.




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