Escrito entre el 23 de febrero y el 1 de marzo.
Las nubes se veían mar adentro, llenaban el horizonte con sus figuras brumosas, inquietas y amenazantes; habían pronosticado un fin de semana de lluvias intensas, lo que significa un espectacular inicio de la estación lluviosa, calles inundadas y tráfico.
Martín estaba detrás del mostrador mirando las nubes que poco a poco se iban apoderando del horizonte; esperaba que la lluvia se desatará cuando ya estuviera en casa y no antes, las calles de sus rumbos se convertían en un auténtico pantano con la más pequeña lluvia, aparte detestaba andar brincando charcos.
Contra los deseos de Martin las nubes aceleraron su marcha, pronto un viento frío hizo volar la arena seca de la playa, incrementó la intensidad del oleaje y de un momento a otro comenzó la lluvia; una llovizna constante. El olor a humedad se apoderó del local de Martín, un pequeño puesto de comida cerca de la playa, los clientes se apresuraron a pagar sus cuentas y a correr a refugiarse de la lluvia en los hoteles cercanos, la mayoría eran turistas.
Una vez el puesto se desocupo Martín se dispuso a limpiar la barra y a recoger las mesas antes de que se empaparan por completo; terminó cuando el sol comenzaba a ocultarse, aún caía la lluvia acompañada por el viento. Martín fue al armario que estaba al fondo del local, sacó unas botas de goma y un impermeable, los sacudió para quitarles el polvo, como si quisiera despertar dichos objetos de su letargo; vestido para la ocasión cerró el puesto de comida y se adentro en la lluvia y en la oscuridad que se apoderaba de la costa.
Después de cerrar caminaba por el boulevard, tenía el mar a la vista donde intrépidos surfistas trataban de encontrar una buena ola que montar, se detuvo a observarlos; eran unos siete, incluyendo dos chicas, pataleaban mar adentro para después es dejar que la ola adecuada los regresará a su punto de partida; quedó atrapado en su ir y venir hasta que un relámpago distante lo sacó de su trance, la llovizna apretó, el viento se tornó más intenso, las farolas que iluminaban la playa se encendieron, la noche estaba cayendo.
Gritos, chapoteos, maldiciones, Martín observó al grupo de surfistas regresar a toda prisa a la playa, gritaban "casi me agarra", se acercó para mirar, parecían pálidos, llenos de horror; los jóvenes llegaron a la orilla cargando sus preciosas tablas, señalaban la playa, la lluvia se intensificó acompañada de viento y relámpagos," entre las olas" se escuchó gritar a alguien, Martín observó las olas que señalaban, algo se acercaba a la playa muy rápido, expresiones de horror y el aliento contenido de los presentes anunciaban a eso que salía de entre las olas; era robusto, con una gran pinza de cangrejo por mano derecha y un par de tentáculos por izquierda, su torso era humano, medio putrefacto, su rostro torcido y de las cuencas de los ojos emergian antenas como de insecto que acababan en unos ojos iridiscentes.
La cosa salió del agua dando chillidos, chasqueando la pinza y azotando el aire con sus tentáculos; en cuanto ubicó al grupo de jóvenes lanzó un chillido que hizo temblar al grupo y se lanzó contra ellos, era muy rápido, antes de que pudieran reaccionar ya lo tenían encima; atrapó a uno de los jóvenes con sus tentáculos, trataba de agarrarlo con su pinza pero el chico usaba su tabla como escudo manteniendola alejada de su carne. Los otros chicos tardaron un poco en salir del susto, la adrenalina corrió por sus cuerpos y rápidamente prestaron ayuda a su amigo golpeando con sus tablas y palos que había en la playa al monstruo que se negaba a soltar presa; la criatura chilló y sacudió su pinza como tratando de atrapar a sus agresores, los que siguieron atacando le, la criatura chilló aún más y, con un arrebato de fuerza increíble, empezó a andar hacia el agua sin soltar al mucho que gritaba y pataleba.
Martin observaba la escena: una criatura salida del mar que arrastraba a un adolescente al mar mientras su grupo de amigos trataban de apalearla para evitarlo; carajo, dijo mientras apretaba los puños, busco entre la arena, halló una piedra y un palo, corrió a donde los jóvenes apaleabam al bicho que ya está dando sus primeros pasos en el agua, aprovechando el impulso que llevaba lanzó un grito, para que se hicieran a un lado, le dió de lleno a la cabeza de la bestia que aturdida soltó su presa y chasqueo la pinza al aire, ¡Denle en la cabeza! se escuchó gritar a alguien, fue un caos, golpes de palos, tablas de surf, alguien que recogió la piedra de Martín; un rato después la cosa medio flotaba en las olas con la pinza aplastada por una piedra y la cabeza con palos incrustados en las cuencas oculares, los jóvenes y Martin se encontraban sentados en la arena, jadeando, llenos de cortes, moretones y marcas de ventosas.
Cuando se calmaron un poco empezaron a reír, algunos con lágrimas en los ojos, sabían que no volverían a ver el mar igual; todos tenían preguntas en sus cabezas ¿Qué era esa criatura?¿Hay más de esas cosas ahí adentro? El destino les respondió sin demora.
Un relámpago partió el cielo, el trueno los hizo saltar en su lugar,un grito, uno de ellos señalando el mar; como corchos saliendo a flote, uno, dos, seis, díez cosas como el que acababan de matar emergian de entre las olas, chasqueando pinzas y azotando el aire, soltando chillidos, a coro del viento. Los presentes salieron corriendo, cruzaron la calle de manera imprudente y cuando llegaron a sus respectivas casas cerraron sus puertas y ventanas con candado.

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