domingo, 16 de enero de 2022

Cuento 2.- Las Notas




Julián llegó al funeral de su amigo Ricardo a eso de las ocho de la noche, después de un largo turno de trabajo; las honras fúnebres se celebraron en el velatorio “La luz”, Él estaba aún impactado  después de lo que le había ocurrido a su muy querido amigo, ni él ni nadie se lo esperaban y cuando entro calladamente a la capilla donde toda la gente cercana a Ricardo estaba reunida todos lo voltearon a ver; poco después lo recibían entre apretones de manos,  abrazos, sollozos y llantos. 


Julián, luego de la tanda de saludos y condolencias, se acercó al altar donde la urna de Ricardo estaba colocada. No había cuerpo “que lástima” pensó Julián  mientras pasaba inconscientemente la mano por el lugar donde estaba su cicatriz de la operación de trasplante de riñón; Ricardo le había donado un riñón un par de años atrás, seguramente le hubiera gustado donar sus órganos en caso de morir prematuramente, mas no había cuerpo, por tanto no había órganos que donar.


Ricardo murió en un accidente de auto y no había cuerpo porque el auto en el que viajaba Ricardo se había incendiado después de chocar. Los bomberos no llegaron a tiempo, por el tráfico, y Ricardo, incapaz de escapar del auto al estar prensado y aturdido, murió quemado vivo. Una muerte espantosa.


Al no haber cuerpo no se hizo procesión al panteón, la urna fue entregada a la tía de Ricardo, único familiar vivo, y luego de despedirse de sus viejos amigos Julián se marchó a casa; tenía que trabajar al día siguiente. Era un hombre comprometido y responsable.


Un par de días después Julián estaba en una videollamada con su novia Lucia mientras se preparaba para ir a trabajar, él le comentaba lo acontecido en el funeral de su amigo y todo lo relativo a las circunstancias de su muerte, a lo que Lucia sólo pudo comentar “Pobre Ricardo”. Entre la plática con la muchacha Julián perdió la noción del tiempo y se le hizo tarde por lo que tuvo que cortar la video llamada y apresurarse con los preparativos para su día laboral, Julian necesitó pedir un Taxi para llegar a tiempo.


Su día en la oficina fue como todos los demás, estresante y repetitivo, hasta que llegó la hora de almorzar. Como todos los días, a las tres de la tarde, se dirigió al comedor de la oficina para comer y descansar un rato de sus labores. Llevaba su comida en una lonchera roja con negro de unas de esas marcas de cosas que se venden por catálogo o, y que los trabajadores venden como una manera de obtener ingresos extra; al abrir la lonchera, sobre sus topers, encontró un trozo de papel amarillento doblado cuidadosamente. Julián lo desdobló y dio un brinco en su asiento cuando  se dio cuenta que la nota estaba escrita con la letra de Ricardo, la nota decía: 


"Querido Julian, amigo del alma, lamento no haberme despedido pero no estaba en  mis planes fallecer de esa manera, y sinceramente no tenía la intención de fallecer tan pronto, siempre quise  una vida larga. Pronto nos veremos de nuevo; yo te diré el tiempo y el lugar.


Att: tu amigo Ricardo  


A veces la muerte solo es un alto momentáneo."


Julián se enojó mucho, tanto que rompió la nota y la arrojó a la basura “¡que hijos de la chingada, pinche broma de mal gusto!” se quejó en sus adentros. Estaba tan enojado que se refugió en el baño para que nadie lo viera contener el llanto y se pasó el resto del día con una actitud muy enfadada y a veces fue algo grosero con sus compañeros.


El día siguiente fue excelente, al menos hasta que regreso a casa de trabajar, llegó más tarde de lo normal porque paso la tarde con Lucia, a la que no le había comentado nada de la nota en su lonchera,  Julián estaba encendiendo las luces cuando la vio: En la mesa, un pedazo de papel amarillento y viejo doblado cuidadosamente. Al desdoblarlo reconoció enseguida la letra de su amigo fallecido: 



"¡Amigo! 

Pronto nos veremos. Pronto podré verte de nuevo. 

Muero de ganas de explicarte, de mirar con unos ojos, de sentir el viento.

Pronto.


Att: Ricardo.


Posdata: Yo soy parte de ti, literalmente.


Posdata 2: apuesto a que te estas tocando la cicatriz de la operación."


Julián apartó la mano de la cicatriz de su vientre, se sentó, estaba en la cocina, y se pasó un par de horas contemplando la posibilidad de que esas notas fueran una gran broma de mal gusto de sus amigos, una broma póstuma de Ricardo o el fantasma de ricardo comunicándose desde el más allá. Se levantó y sacó de la nevera varias latas de cervezas y las vació una tras otra, luego tomó un largo baño y se acostó a dormir. Llegó tarde al trabajo porque perdió el tiempo buscando la nota que de alguna manera había desaparecido.


A la hora del almuerzo se encontró con Lucia y pasaron un buen rato juntos, no se atrevió a contarle nada de las notas pues aun dudaba si habían sido reales o alucinaciones. Sin embargo, la letra era la misma que la de su amigo. 

 

Después de tres días sin notas una madrugada  Julián se despertó, como a las seis de la mañana, una hora antes de que sonara su alarma; despertó sobresaltado, un extraño peso le oprimía el pecho, por lo que se sentó en la cama, al hacer esto algo rodó de su pecho a sus piernas, un trozo de papel amarillento y viejo. Julián se le quedó mirando, parpadeando como tratando de asimilar lo que estaba pasando, tomó el papel, le temblaban las manos, lo desdobló y leyó la estilizada caligrafía de su amigo muerto:  


"Hoy es el día, mi querido amigo.

Ven a buscarme a la media noche.

Ven a casa. Ven a encontrarme.

¡Ven conmigo!


Att: Tu amigo Ricardo.


Te di un regalo una vez, ahora tú dame uno." 


Julián tembló, gritó,  lloró  y maldijo al que estuviera jugando con él de esta forma. Arrojó las almohadas por la habitación  e hizo un berrinche. Cuando terminó la nota se había perdido y Julián pasó casi una hora poniendo patas arriba todo tratando de buscarla. Llegó tarde al trabajo, sin desayunar y sin comida para la tarde. Fue un día de mierda. 


Saliendo del trabajo habló por teléfono con su novia. Lucia noto en su manera de hablar que Julián no estaba bien, él le dijo que había tenido un día muy pesado en el trabajo y que solamente necesitaba una buena noche de sueño, que, seguramente, mañana estaría más fresco. Lucia le creyó y se despidió de él con palabras de amor. Julián, mientras viajaba en el transporte público, pensaba en las notas, pensó que tal vez debería ir a casa de Ricardo para zanjar con el asunto de una vez y que todo saliera a la luz de una vez, fuera una broma o no. Mas su lado racional lo convenció de que era una estupidez ir a la media noche a la casa donde su amigo había vivido “si voy” pensó “iré en mis términos”.


Cuando llego a casa, alrededor de las diez de la noche, encontró pegado a su puerta, con cinta adhesiva,  un papel amarillento y viejo cuidadosamente doblado; leyó:


"Querido Julián ¿Vendrás?

¿No me digas que vas a fallarme?

Yo no te falle cuando me necesitaste.

Ven a casa.


Te espera: Ricardo." 


Julián perdió la paciencia y la racionalidad; gritó, le dió un puñetazo a la puerta y puso rumbo a casa de Ricardo. Estaba harto y dispuesto a atrapar a quien fuera que estaba haciendo todo ese juego. 


Llegó a casa de ricardo a eso de las once y media, un accidente de auto provocado por un ebrio había aglomerado el tráfico, en la puerta de la casa estaba esperándolo otra nota: 


"La llave está debajo de la maceta de las no me olvides."


Julián conocía muy bien esas flores, eran las favoritas de Ricardo, era un arbusto con pequeñas flores azules bastante bonitas. Hizo a un lado la maceta y ahí estaba la llave. La introdujo en la cerradura y entró a la casa cerrando la puerta tras de sí. Se quedó quieto, esperando a que los bromistas saltaran de un rincón burlándose de él o, algo peor, algún delincuente lo asaltara, también pensó en un secuestro. Pero no pasó nada, la casa estaba en silencio absoluto, oscura y llena de polvo. 


En la mesa estaba otra nota:


"En la cocina hay una puerta secreta, se abre con una palanca  que está bajo el lavaplatos."


Julián se asomó bajo el lavaplatos y en efecto ahí había una palanca, la accionó y un mecanismo crujió haciendo vibrar el suelo, cuando el ruido cesó en un rincón de la cocina una parte de la pared se había abierto y al asomarse pudo ver unas escaleras de madera que bajaban a un sótano. Fue por  las escaleras a prisa, el sótano estaba iluminado por la luz de cientos de velas, y  pego un grito al contemplar un altar lleno de extraños símbolos, adornado con osamentas de animales y cráneos humanos; al centro del altar estaba una enorme cazuela llena de un líquido repugnante cuyo olor se sentía por debajo del aroma a cera derretida de las velas. Quien sabe de que estaba hecho ese líquido , Julian no quería saberlo. 


-Bienvenido amigo- lo llamó una voz familiar, Julián respingo y dio la media vuelta al escuchar esa voz. Era él. Lo busco entre las sombras pero solo pudo ver un espejo cubierto por una cortina, sabía que era un espejo porque podía ver el reflejo de sus pies - abre la cortina- lo invitó la voz de Ricardo y  lo hizo. Ahí, desde el espejo, estaba su amigo Ricardo, sonriendo y extendiendo sus brazos en señal de bienvenida. 


-¡si llegaste!- dijo Ricardo lleno de emoción. 

-¿que.. Que.. Qué haces ahí? - preguntó Julian. 

-¡oh! Cierto- comentó Ricardo y empezó a buscar en sus bolsillos de donde sacó un bloc de notas amarillento y viejo, escribió algo en él, arrancó la página, guardó el bloc y el bolígrafo en su bolsillo entonces  dobló la nota cuidadosamente y la apretó en su puño el cual puso delante de sí a la altura de su cara. Julian parpadeo y se encontró mirando su puño levantado, lo abrió lentamente y ahí estaba la nota, la desdobló y la leyó: 


"Hola Amigo mío"


Julian dejó caer el papel y miró atónito el espejo, era Ricardo  y al prestar más atención notó que estaba vestido exactamente igual a él, llevaba la ropa del trabajo puesta, llevaba su cadena, su reloj , sus mismos zapatos, el pelo despeinado como él, era un Ricardo disfrazado de Julian.


-que mierda esta pasando- dijo muy nervioso.-¿Me volví loco? -miró al espejo asustado- ¿Yo escribí las notas? - preguntó Julián al espejo. 


-no, no, no- dijo Ricardo- se palmeó la zona del vientre donde estaba la cicatriz del trasplante y dijo sonriendo - yo estoy dentro, amigo, eres mi segunda oportunidad-sonrió de nuevo - yo escribí las notas a través de ti, para que vinieras- dijo Ricardo con alegría. 


-no, no, no ¿Cómo? ¡No quiero saber, me voy! - le grito al espejo y dio la media vuelta, había tenido suficiente , se había vuelto loco y necesitaba ayuda, cuando casi llegaba a la escalera un fuerte dolor lo hizo caer de rodillas , Julian sentía que algo dentro le iba a estallar - el riñón- pensó. 


-¡no te vas a ir amigo! - dijo Ricardo- la verdad no pensaba hacerte esto a ti amigo mío, pero ese trágico accidente destruyó mi cuerpo, me queme Julián, y fue horrible, tendré pesadillas con ello, toda tu vida- Ricardo sonrió burlonamente desde el espejo- pensaba dejar muchos recipientes para mi al morir amiguito, cada órgano donado sería una nueva oportunidad, una nueva vida, un empezar de cero, pero el destino fue cruel conmigo y me negó esa oportunidad; y sólo me quedas tú.- la sonrisa de Ricardo se borro - lo siento amigo, esto me va a doler toda la vida- Julian estaba de rodillas, sintiendo como si se quemara desde adentro. 


-¡aaah! ¡Me quemo!- se quejó Julian. 

-¡sii yo se lo que se siente!- le consoló Ricardo- pronto pasará- Julian lo miró con furia y reuniendo su coraje  se levantó y caminó tembloroso hasta el altar, entonces agarró uno de los cráneos y lo arrojó al espejo con la esperanza de que al romperlo todo eso terminará, el cráneo rebotó como si chocará contra un plástico o contra uno de esos vidrios reforzados. 


-¡me quemó!- se quejó Julian una vez más de rodillas. 


-¡ya casi termina!-le dijo Ricardo con cariño. 


Julian reunió sus últimas fuerzas para levantarse y desde el espejo el reflejo de Ricardo lo vio tirar las velas sobre las telas del altar y sobre las cortinas y demás objetos inflamables que estaban cerca. 


-¡basta!- le gritó Ricardo a Julian desde el espejo. No le hizo caso. Juliá arrojó las velas por todas partes, subió las escaleras a pesar del dolor con un par de velas en cada mano y le prendió fuego a los muebles, las cortinas y los papeles que estaban cerca de él, podía escuchar los gritos de Ricardo desde el sótano - ¡¡vuelve!! ¡¡Yo te ayudé!! ¡¡Me debes la vida¡! - Julián prendió fuego a todo lo que pudo antes de que el dolor de su cuerpo lo hiciera desmayarse. Esa noche la casa del difunto Ricardo se incendió y ardió por horas, los bomberos tardaron mucho en sofocar el incendio. No encontraron ningún  cuerpo. 


Lucia busco a Julian por semanas, la última vez que lo vieron fue en la oficina de recursos humanos de la empresa para la que trabajaba cuando fue a presentar su renuncia; según sus movimientos bancarios recibió la transferencia de la liquidación y la cobró más o menos quince días después. Lucia no supo nada más de Julián y eso la atormentó toda su vida.


En un autobús rural, bastante viejo y oxidado, Ricardo viajaba sonriente, lejos de la ciudad donde había muerto, era tiempo de empezar de nuevo, miró su reflejo en la ventana, su amigo Julián le devolvía la sonrisa - casi te me escapas, amigo- dijo sonriente. 


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

52 Semanas de cuentos: Cuento de la Semana 18.- Festín de Bestias 1

  Festin de Bestias 1 Los relámpagos danzaban en el horizonte y los truenos apenas se distinguían como un eco lejano, escurriéndose entre el...