Siempre estaba el mar. En las idas y vueltas de la vida cotidiana. En los momentos de felicidad y de angustia. Siempre estaba el mar con su atemporal presencia, con su ir y venir aparentemente eterno. Al mar venía cuando sentía que la existencia se le estaba escapando, y no porque se estuviera muriendo sino porque se había dado cuenta que apenas y existía, que apenas era una sombra, un susurro, en la existencia de otras personas. Si desapareciera quizá nadie más allá de su familia lo notara. Por alguna razón que no podía entender esa idea le aterraba y le provocaba una intensa ansiedad que solo el mar, con su enorme presencia, podía aplacar.
¿Qué tanto existo?¿Qué tanto existen los demás? se preguntaba mientras caminaba por la arena de la playa. ¿Cuánta gente está, como lo estoy yo para ellos, por fuera de mi marco de existencia? La tarde estaba bastante fresca y la arena no le quemaba los pies, se había quitado los zapatos y los llevaba en la mano mientras caminaba. Se alcanzaban a ver unas nubes cruzando el horizonte, apenas visibles; ¿Para cuántas personas estaba como lo estaban para él esas nubes? a la distancia, apenas visibles, apenas existente. Como esos muñequitos de relleno que ponen en los videojuegos para rellenar los paisajes, como esa multitud de dobles que son parte del paisaje de las películas. Existo pero no existo, pensó mientras miraba las nubes, era evidente que para sí mismo, para sus familiares y conocidos él existía, era tangible y muy querido; mas había millones de personas que no sabían nada de él, para los que no existía. ¿Cómo uno podía existir y no existir al mismo tiempo?
La noche estaba llegando, los colores del cielo lo anunciaban y unas cuantas estrellas se asomaban tímidamente, opacadas por las luces de la ciudad que ya estaban encendidas. Pensó en las estrellas, tan hermosas y distantes, muchas de ellas ya no existían y a pesar de ello sus luces llegaban hasta sus ojos luchando contra la contaminación visual de la ciudad. ¿Qué cosas contaminan nuestra percepción? ¿Será que estamos ciegos a las
maravillas del mundo, al mar y las estrellas, por enfocarnos en perseguir sueños y visiones artificiales? ¿Nos olvidamos de lo que en verdad existe mientras perseguimos mitos que nos hemos contado los unos a los otros? Después de caminar un rato por la orilla de la playa fue a sentarse sobre un montículo de arena, encendió un cigarro Pall Mall de los rojos. Mientras mantenía el cigarro en la boca se tallo los ojos, las inquietudes se le amontonaban y esperaba que el humo del cigarro se las llevara volando al menos por un rato.
La existencia le pesaba, a veces tanto, tan llena de promesas y premios que nunca llegan; tan llena de problemas y desilusiones que llegaban demasiado a menudo, a veces creía que después de las buenas y malas decisiones siempre estaba oculta la decepción. Soñarás lo que soñara, si esperabas algo siempre uno acaba decepcionado. Tal vez esperamos demasiado de la vida, se termina un cigarro y enciende otro sin demora, tal vez si solo hiciera las cosas solo porque le gustan y no por la búsqueda de alguna recompensa, reconocimiento o gloria. Las nubes llenan el horizonte. El humo llenaba sus pulmones. El mar iba y venía en su ir y venir milenario. La noche abrazo al joven. Un rato después, cuando terminó su cigarro se levantó y se puso en camino a casa. A veces la ciudad era peligrosa.
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