Escrito entre el 12 y el 18 de Febrero.
El Indispensable
Los puntos de ruptura llegan cuando menos te lo esperas, a Martin le llegó en lo que parecía ser un día más en su rutina. Siempre había sido un hombre entregado a su trabajo, podríamos decir que actualmente solo vivía por y para su trabajo y eso lo llenaba de cierto orgullo, se sentía un recurso indispensable para su empresa. Desgraciadamente para él la empresa no opinaba lo mismo. El mundo, como ya es habitual, estaba pasando por una crisis económica y para proteger el bienestar de las carteras de sus dueños y accionistas la empresa aplico ciertas politicas de recorte de personal. Así fue como nuestro Martin fue despedido, bueno despedido no porque eso hubiera implicado una buena liquidación, lo que paso es que los de la oficina de recursos humanos lo convencieron de firmar una renuncia voluntaria con la promesa de encontrarle un puesto en la empresa en unos pocos meses. Fue grande su sorpresa cuando, platicando con varios de sus compañeros que tambien fueron "despedidos", se dio cuenta que a todos les habían hecho la misma promesa.
Martin se dedicaba a vender seguros de vida, casi toda su vida laboral, eran un especialista segun sus exjefes, un indispensable, ahora este indispensable descartado debía encontrar un trabajo, por lo que por primera vez se dio cuenta que más allá de vender promesas no sabía hacer mucho.
Su búsqueda de un nuevo trabajo fue penosa y azarosa, Martin buscaba encontrar algo en el ramo bancario y de seguros pero constantemente se encontraba con la tipica frase "nosotros le llamamos", así con los días su reserva de dinero, un escaso ahorro y el "finiquito" de la empresa, se iba reduciendo con una rapidez que le inquietaba; antes cuando era un indispensable su desayuno consistía en un capuchino acompañado con un sandwich de pavo y panela del Starbucks, ahora que su efectivo empezaba a escasear habia vuelto a los tradicionales acompañados con un buen café soluble de una marca que desconocía. Cuando era indispensable iba a comer con sus compañeros a alguno de los restaurantes cercanos a la plaza Andamar , sus favoritos eran Domu y Harbors, ahora, llevado por la nostalgia, comía un combo whopper con queso mientras contemplaba el mar desde el tercer piso de su plaza favorita. Para cenar solia ir a restaurantes estilo los Farolitos o las pampas, ahora se conformaba con unos tacos esquineros y digamos que visitaba a su madre más seguido, casualmente a la hora de la cena.
En sus relaciones sociales también solia ser indispensable, pues indispensable como era todos se acercaban a el para despejar sus dudas con respecto a su trabajo, sus tecnicas de venta y persuasión o su buen gusto al comer y vestir. Ahora, que ya no era indispensable, ni siquiera le mensajeaban, era como si al terminar su relación con la empresa para ellos se hubiera muerto o peor, porque a los muertos se les llora y recuerda con cariño, era como si el nunca hubiera existido. Trató de retomar viejas amistades de la universidad y preparatoria pero se dio cuenta que también para ellos no era indispensable.
Fue cuando las reservas de dinero de Martin estaban ya próximas a tocar fondo cuando por fin consiguió un nuevo trabajo;Esta vez le mintió al empleador diciéndome que solo había cursado hasta l preparatoria ya que no pocas veces lo habían rechazado con la excusa de que estaba sobrecalificado para el puesto, él tenia carrera universitaria y los empleadores sabían que la mayoría de los universitarios conocen sus derechos laborales básicos. Ahora trabajaba como auxiliar de limpieza en un edificio de oficinas en Boca del Río, al principio se sentia incomodo realizando el trabajo, había pasado de tener una cubículo en un edificio de oficinas muy similar a este a ser del personal de limpieza, recordaba la con descendencia con la que solía tratar al personal de limpieza, como si fueran menos inteligentes, menos humanos, por tener el trabajo que tenían, por no tener un estilo de vida como el suyo. Ahora estaba del otro lado y era capaz de ver la condescendencia en la mirada de los oficinistas, y en algunos casos una total indiferencia, como si él solo fuera un aparato más en la oficina, sentía que lo trataban como a un tonto, como a un niño, como aun perrito.
Así pasaron los meses y Martin le fue tomando cariño a ese trabajo, mantener todo limpio y en orden le daba una satisfacción que las tablas de Excel y las juntas de rendición de cuentas jamás le habían dado, sabía que mientras tuviera todo limpio y en orden lo dejarían en paz, podia leer en los tiempos muertos o simplemente no hacer nada, se sentia tranquilo, recordaba que en sus tiempos de oficinista vendedor de seguros todo era un frenesí y una continua ansiedad por llegar a las metas de ventas. Ahora solo limpiaba y ordenaba, llenaba sus bitácoras de limpieza y daba los recorridos por las areas. Se sentia genial y cuando veia a los oficinistas correr de un lado a otro llendo a una junta o buscando concretar un negocio recordaba su vieja y la verdad no la extrañaba. Quizá su viejo yo lo llamaría mediocre, más si supiera que hasta el coche habia vendido para sobrevivir a los meses sin trabajo, pero no le importaba, ya no le importaba para nada ser o no ser indispensable.
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