lunes, 26 de febrero de 2024

Reto 52: Cuentos. - Semana 4: Las muchachas

Cuento semana 4, escrito entre el 19 y el 25 de febrero. 


Las Muchachas



La noche era nublada.

Sentado a la orilla del mar la brisa las  despeinaba, casi oscurecía, tonos naranja y violeta se estampaban en el cielo, detras de un banco de nubes lejanas se alcanzaba a ver el azul habitual del cielo que pronto sería engullido por la noche.


Las nubes cruzaban el horizonte como pastoreadas por el viento, enfiladas como ganado a quien sabe dónde. La cajetilla de cigarros estaba ya a la mitad y el humo que exhalaban se elevaba como queriendo alcanzar a las nubes.


El rumor de las olas las arrullaba, a veces una de ellas llegaba hasta sus pies descalzos, mojandolos y haciendo que las muchachas se  estremecieran, era uno de los ultimos atardeceres de otoño y aunque en veracruz el frio no era habitual a veces estaba. Las muchachas agradecían esos días donde el calor remitía un poco y dejaba descansar sus bronceadas pieles. Destaparon un par de cervezas de lata, marca indio, chocandolas para brindar por los días frescos  y nublados.


Traian con ellas una bolsa donde iban echando la basura, la ceniza y las colillas de cigarro, las latas de cerveza, una bolsa de chetos y, proximamente, una caja de pizza, justo estaban comiendo una rebanada cada una.   


Con forme la noche iba llegando se fueron reflejando en el agua las luces de los barcos en el puerto,  la fresca brisa amenazaba con incrementar su fuerza, las muchachas se apuraron a devorar la pizza y a terminarse las cervezas, su plan era irse antes de que la oscuridad cayera y ya no pudieran  dejar bien limpio el lugar que habían estado ocupando en la arena. Recogían todo en silencio, con el rumor del ir y venir de las olas como música de fondo, de vez en cuando, en la semioscuridad, sus manos se tocaban, entonces ambas reían apenadas. 


Terminaron a tiempo, la oscuridad llegó y solo alcanzaban a ver las luces del bulevar a la distancia,   aprovechando la privacidad que la noche regalaba una de ellas fue valiente y  beso con una ternura ansiosa a la otra, la otra le correspondió con una risita antes de devolverle el beso, luego se fueron caminando de la mano  por la playa. 


Ninguna rompió el silencio, no era necesario, ambas sabian que desde que las presentaron una chispa había saltado entre sus miradas,  los meses siguientes, conforme se iban encontrando en el campus de la facultad, cada una de ellas los había pasado negando que la chispa existiera, llamándose a  si mismas locas o pensando que sólo estaban algo confundidas.  Para ellas el momento de dudar había quedado atrás. 


Caminaron un rato por el bulevar hasta llegar a una zona más concurrida donde pararon un rato para mirar a la gente, se compraron  un elote cada una y platicaron de cosas cotidianas mientras comían  y observaban el ir y venir de la gente. Un rato despues siguieron andando, pasaron por la vieja zona portuaria, se quedaron un rato frente al CETMAR que había sido la preparatoria donde había ido una de ellas, recordando sus aventuras de esa etapa de su vida, en tre carcajadas y risillas, fueron llegando al zocalo de la ciudad, pasando primero por el malecón y luego frente al Café de la parroquia. Era algo tarde, se acompañaron a esperar el autobús del transporte público que la mayoría de los veracruzanos suelen llamar "camión"; cuando el de una paso primero y tuvieron que separarse, al menos por hoy, se despidieron con un beso, una sonrisa y una mirada esperanzada. 



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