lunes, 4 de marzo de 2024

Las Quinientas 10.- La brújula existencial parte 3: De prisiones y laberintos.

 

La Berinto. Leonora Carrington, 1991.

 Somos prisioneros y no nos damos cuenta.

Actuamos, o más que actuar reaccionamos,  en contra de nuestro bienestar y nuestros intereses, movidos por impulsos y condicionamientos  a los que no les prestamos atención hasta que nos dejan en una situación donde solo nos queda el arrepentimiento. 


¿Hasta donde actuamos por voluntad propia, con libertad, y hasta donde actuamos guiados por nuestros instintos animales,  nuestros condicionamientos y aprendizajes sociales? Si no somos capaces de darnos cuenta de esto estamos condenados a vivir en un constante conflicto que desgasta  nuestra energía mental, nuestra atención,  pues como dice en algún lugar de la Biblia “Nadie puede servir a dos amos al mismo tiempo, porque aborrecerá al uno y apreciará al otro; será fiel al uno y del otro no hará caso” (Mateo 6:24) y para nuestra desgracia dentro de nuestro hay múltiples fuerzas que tratan de tomar el papel de amo; fuerzas como los impulsos biológicos, el aprendizaje sociocultural y las fuerzas políticas y mercantiles que influyen en nuestras vidas. 


A mi me gusta clasificar las cosas que nos aprisionan  particularmente en tres apartados: La historia personal. el espíritu de los tiempos y el sentimiento de importancia. 


La Historia Personal


Este es un concepto que he tomado prestado de los libros de Carlos Castaneda donde su Maestro el brujo Don Juan Matus le explica la importancia de borrar la historia personal. siendo esta un relato que nos contamos a nosotros mismos y a los demás a través del cual reafirmamos nuestra propia existencia. sin embargo este relato es una prisión pues nos encasilla y nos lleva a una vida monótona y predecible donde terminas actuando por costumbre y por cumplir con el papel que te toca de acuerdo con tu historia personal; Podría decirse que la historia personal es el autoconcepto al que llegamos y el cual construimos y reafirmamos al aceptar creencias acerca de nosotros mismo, hallamos llegado a ellas por cuenta propia o como resultado de una retroalimentación social. Ser prisioneros de la historia personal impide el cambio y nos mantiene atados a rutinas y a contradicciones  que nos roban nuestra energía mental, nos lleva a actitudes de tipo “yo soy así y no voy a cambiar”  así como a no tener control de los impulsos instintivos del cuerpo haciéndonos caer en excesos, perversiones y debilidades.


Salir de la prisión de la historia personal requiere de un gran trabajo de autoconocimiento y de estar siempre alerta pues uno puede llegar a pensar que su historia personal es la esencia de su ser al estar plenamente identificado con ella. 


El Espíritu de los Tiempos



“Lo que llamas el espíritu de los tiempos

es, en el fondo, el espíritu de las gentes

en quienes los tiempos se reflejan…

Con frecuencia no es más que una miseria”

Goethe


El espíritu de los tiempos es la influencia del estado, la sociedad y el mercado, de las fuerzas externas, que mueven a los individuos en dirección a cierto rumbo o, la mayoría de las veces a más de uno pues cada una de esas influencias quiere sentarse en la silla del amo de las mentes y corazones de los seres humanos. Estas tendencias hacen que adoptemos una postura determinada en nuestra relación con la vida y con el mundo, al cerrarnos en dicha postura el mundo se vuelve pequeño y limitado ya que para nosotros todo lo ajeno a la idea del mundo que hemos construido no existirá y  de llegar a manifestarse en nuestro pequeño mundo reaccionaremos con agresión y negación.  

 

Vivir sin cuestionar el espíritu de los tiempos es dejarse arrastrar por las tendencias que se nos imponen, como dijo Sócrates cuando lo juzgaban “Una vida sin examen no merece ser vivida” , hay que conocer el espíritu de los tiempos para saber la dirección a la que pretende arrastrarnos, si nos favorece podemos aprovechar su impulso para llegar a cumplir con nuestro propósito, en caso contrario no debemos dejarnos arrastrar por él pues solo nos conducirá a la desesperación y tristeza. 


El sentimiento de importancia 


“La importancia personal mata…”

“Ella es responsable de nuestro fin como individuos y llegará el día en que nos termine como especie…”

“Mientras te sientas lo más importante del mundo, no puedes apreciar en verdad el mundo que te rodea. Eres como un caballo con anteojeras: nada más te ves tú mismo, ajeno a todo lo demás.”


Todo esto, según Carlos Castaneda, lo dijo su maestro don Juan Matus, supuesto brujo y nagual, independientemente si el tal don Juan existió o fue un invento del autor de los libros donde se relatan las enseñanzas del mismo la idea de tomar nuestro sentimiento de importancia como un enemigo que debemos eliminar para llegar al despertar como hombre de conocimiento, o brujo, me parece bastante interesante ya que muchas veces ese sentimiento de querer ser y sentirnos lo más importante nos lleva a la ansiedad el sufrimiento, muchas veces queremos que el mundo gire alrededor nuestro y cuando no lo hace nos enfadamos y actuamos de manera irracional y hasta violenta  buscando que nos traten “como nos merecemos”. 


Vivir prisioneros de la historia personal, el espíritu de los tiempos y la importancia personal es como estar atrapado en un laberinto, andamos en la búsqueda  constante de la salida, andamos sin guía y sin brújula, un laberinto lleno de una niebla que embota los sentidos y el espíritu,  vivir así es vivir como esclavo, es renunciar a toda tu potencialidad. 


Renuncia a lo que te aprisiona.






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