Cumplir cuarenta y cinco y darte cuenta que ya va siendo hora de renunciar al sueño de tener una familia, ya saben, la mamá, el papá, un par de hijos, el perro o el gato o el pez. Llegar a los cuarenta y cinco y seguir en el mismo trabajo en el que estabas cuando tenias treinta, sin esperanza de un crecimiento y demasiado mayor para empezar desde cero en una nueva empresa. A esta edad las canas van ganando la batalla y tu cuerpo va manifestando las consecuencias de los años de una mala dieta, una vida sedentaria y los vicios que jurabas ante dios todo poderoso que no eran un vicio porque los podías controlar, empiezas a sentirte más cerca de la edad de retiro, en la que con suerte te tocará una pensión apenas suficiente para llevarte algo de comida a la boca, y si no tienes suerte te tocaran unos miles de pesos de tu Afore y las ayudas del gobierno. O peor: nada. Ni las gracias.
Hay diferentes tipos de suerte:
La suerte de nacer en un país rico o por lo menos medianamente decente o que no este en guerra.
La suerte de nacer en una familia rica o por lo menos en una bien acomodada o que tenga por lo menos lo basico, ya en estos tiempos tener lo básico también es una suerte.
La suerte de que tu genética te ayude a encajar en los estandares de la sociedad, la pigmentación de piel y ojos adecuada así como la altura suelen ayudar bastante a la hora de dar una buena impresión ante los demás. También aquí incluiremos la suerte de haber tenido una vida activa alejada se el pan y la Coca-Cola.
También esta la suerte de conocer a la gente adecuada en el momento adecuado, esta depende de las dos anteriores pues tener recursos y oportunidades de movilidad social y ser agraciado y sociable te permitirán caerle en gracia a la persona que puede convertirse en el contacto que te pondrá en camino a la entrevista de trabajo que cambiará tu vida o que será tu compadre adinerado que te pondrá en algun puesto bien pagado de alguna de sus empresas que heredó de sus padres.
Supongo que vine al mundo con la suficiente suerte como para no morir de hambre pero no con la suficiente como para poder ir al cine todos los fines de semana, mi suerte me dice que ir al cine es un gasto muy arriesgado y no es porque no trabajé duro, he trabajado más de cuarenta y cinco, mi numero mágico al parecer, horas semanales durante los últimos veinte años, en un par de empresas que aunque tengan logotipos, nombres y sloganes diferentes esconden detras de los colores llamativos y las sonrisas de los actores en sus comerciales las mismas practicas explotadoras que las personas con más suerte usan contra las de menos suerte.
Vivo el circulo vicioso de las personas con una suerte mediocre: trabajo arduo, un sueldo que no alcanza y deuda. Mi generación vive de deuda, sin deuda uno no come, no se mueve, no trabaja. Las tiendas de raya jamás se fueron, de esto uno se da cuenta ya muy tarde, como a los cuarenta y cinco años.
Entonces uno tiene que pararse un rato y empezar a replantearse los planes para los años venideros y si no se contaba con planes, lo más común, plantearse unos cuantos. Quizá ya es muy tarde para tener una familia, muy tarde para emprender con exito el negocio de tus sueños, para viajar por el mundo y conocer al amor de tu vida, como en un romance adolescente.
Las grandes preguntas ¿quiero seguir viviendo así lo que me queda de vida? ¿Vale la pena?
Las personas con suerte mediocre no nos damos cuenta de que no tenemos control de nuestra existencia hasta que el cuerpo empieza a desfallecer, el pelo se encanece o se empieza a caer y uno ya no se recupera de una noche de desvelo con una siesta de una hora a las cinco de la tarde. No tengo control y nunca tuve control de nada, de niño lleve el uniforme de la primaria, de adolescente el de la secundaria y de la prepa, de adulto llevo el uniforme del trabajo. Como una mercancia que pase de un dueño a otro, como un regalo que nadie quiere y que para deshacerse de el lo regalan y va de mano en mano con una envoltura diferente cada vez. Si tienes suerte logras darte cuenta y empiezas a vivir de una manera diferente. Si no, te moriras esperando que los buenos días lleguen. Quizá mañana sea mejor. Sino el año que viene. Si hay año que viene.

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