Despertaron cuando la noche cayó sobre la ciudad; hambrientos y bien dispuestos a saciar su apetito, la hibernación había sido larga. Salieron de las cañerías más viejas, esas que más que tuberías enterradas eran túneles, salieron con paso firme adentrándose en una ciudad que les parecía extraña, llena de luces y de gente que rondaba como si no le tuvieran miedo a la oscuridad, el mundo ya no era el mismo que el que habían dejado atrás cuando empezaron su hibernación. Había mucha gente en las calles, eso les alegraba, pues como ya dije, estaban hambrientos.
La ciudad brillaba como todas las noches, la masa humana avanzaba entre sus calles; muchos van de regreso a casa luego de un largo y caluroso día de trabajo, solo quieren llegar a cenar y a acostarse para repetir al día siguiente el mismo día que llevan repitiendo desde hace años; Otros tantos apenas se dirigen a sus trabajos, otros más van de fiesta o en busca de los placeres que la noche ofrece.
Un grupo de chicos fumaban hierba en un parque, pasándose el porro de mano en mano y platicando sus problemas y aventuras entre risas. No se daban cuenta que eran acechados por tres estrellas siluetas que se iban acercando de apoco al parque en el que se encontraban.
Marianita le daba una honda calada al cigarrillo y mientras luchaba por retener el humo dentro de sus pulmones el mayor tiempo posible pudo ver de reojo tres siluetas que se acercaban a ellos, casi deslizándose y sin hacer ruido alguno. Rápidamente llamó la atención de sus amigos con codazos y movimientos de manos, expulsando el humo con un ataque de tos, para cuando todos estuvieron alerta las siluetas ya los rodeaban.
Eran unas figuras delgadas y altas, envueltas en harapos, ropa vieja y rasgada, así como abrigos largos, estaban tan envueltos en harapos que solo se podía ver sus rostros de la nariz para arriba, llevaban gorros por lo que tampoco su cabello estaba a la vista, lo poco de que se veía de sus rostros era pálido, sus ojos amarillos. Los muchachos, asustados, trataron de apartarse pero los extraños hombres se movían para taparles el paso, interponiéndose en su camino. Pronto los chicos balbuceaba nerviosos “tranquilos viejos” , “no tenemos dinero”, “ya dejen nos”, “llamaremos a la policía”; cuando los jóvenes creían que no podían estar más asustados paso algo que los dejó petrificados: Cada uno de los hombres harapientos dio un chillido mientras se arrancaban las ropas que los cubrían dejando al descubierto una piel escamosa y gris, al mismo tiempo sus caras pálidas empezaron a retorcerse y a ser arrancadas como si de máscaras se trataran dejando al descubierto unas mandíbulas llenas de filas y filas de dientes.
Cuando los monstruos desplegaron unas enormes alas que ocultaban entre los restos de los harapos los muchachos empezaron a gritar y a correr mas ya era tarde pues las criaturas hicieron presa a varios de ellos y alzando el vuelo, y entre gritos de horror, los arrastraron hasta su madriguera, Marianita fue la única que fue lo bastante rápida como para ser atrapada, o quizá tenia muy poca carne para que valiera la pena llevarla, o quizá los monstruos tenían las manos y mandíbulas ocupadas con sus amigos, Marianita corrió hasta casa y dicen que hasta hoy en día corre a casa para que la noche no la atrape en las calles donde andan sueltas las cosas que se llevaron a sus amigos.

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