Arte: Edward Hopper "Automat" 1927
Estamos destinados a no durar por siempre, como individuos y como especie, ni la tierra que nos sostiene ni el sol que nos ilumina durarán para siempre.
Nada es para siempre.
Tarde o temprano caeremos a la tumba, literalmente cada segundo que pasa estamos en caida libre hacia la tumba, ¡ahí va otro! Dirá la muerte cuando caigamos al hoyo; y no la santa, a la que la gente le pide milagros como si fueran los Reyes Magos o Santa Claus, sino la de verdad, la que no es una calavera sino la que es el vacío del cosmos que todo lo debora sin importar que sean gente o sean estrellas.
Polvo y huesos seremos en un par de cientos de años, y nuestro nombre ya no constará en ningun acta, en ninguna cuenta bancaria, en ningun titulo de propiedad ni en ningun documento de beneficios o perdidas fiscales, hacienda ya no andará tras nosotros para que le rindamos cuentas.
Y quizá, en cien o doscientos años, ya ninguna boca pronuncie nuestros nombres, ya ninguna foto sobreviva y para los familiares que hereden nuestro linaje sólo seamos uno de esos ancestros anónimos de los que no sabemos ni nos interesa conocer sus nombres, porque de tan lejanos ¿para qué molestarse?
Con suerte los que creen algo digno de recordarse, para bien o para mal, o los que tengan los recursos para perpetuar su nombre en los libros de historia tendrán el dudoso honor de ser recordados unas cuantas decadas despues de haber fallecido, algunos incluso logren trascender un par de miles de años, por ejemplo todos los filósofos griegos así comi lideres y profetas religiosos. Pero como nada es para siempre hasta esos nombres seran borrados cuando el sol muera y, en consecuencia, el planeta que habitamos también lo haga.
Vendrá luego el largo silencio cósmico.
En menos de cien años todas esas importantes preocupaciones que no nos dejan dormir seran nada; todas nuestras hambres, nuestras ambiciones, nuestros miedos y nuestras iras se irán con nosotros a la tumba, y quizá sean ellas mismas las que nos lleven ahí de forma prematura.
Sin embargo aunque yo sepa que en cien, doscientos o mil años no seré más que polvo y huesos, y ni un recuerdo quedará de mi que atestigüe mi paso por el mundo, eso no va a quitarme el hambre cuando pase hambre, no va a borrar mis necesidades, no va a pagarle los impuestos a hacienda y no va a hacer que las cosas básicas que necesito para vivir dejen de costar dinero, y que por tal necesite regalar por lo menos diez horas de mi vida para poder medio vivir el resto.
Cuando muera todo eso no importará, pero justo ahora estoy aquí y todo eso afecta mi bienestar inmediato. Todo eso nos llena de ansiedad y angustia, nos enferma y enfermamos todo lo que hacemos y tocamos. Enredados como un delfín en una red, como una mosca en una telaraña, como un roedor en un laberinto, como una tortuga marina con un popote metido en su nariz y una bolsa de plástico metida en su garganta todo al mismo tiempo.
Y yo solo quiero que cada día valga para reírme, para sentir el viento en mi cabello, para disfrutar de la comida, de la familia y los amigos y de todo lo bello de la vida y el mundo. Quiero una vida de verdad donde me sienta digno de las cosas buenas y bellas que me ofrece la vida y digno de plantar cara a los desafíos, tragedias y horrores que ocurren. Porque la vida no es dulce ni salada, es agridulce, como un vino. Porque las alegrias y las tristezas siempre estan a la vuelta de la esquina, hay que estar preparado para recibir con los brazos abiertos a las primeras y soportar las segundas, porque a veces la vida es reírse y bailar y a veces es soportar.
Soportar lo incomodo.
Soportar un trabajo monótono e indeseado.
Soportar frustración de no vivir de lo que uno más quiere.
Soportar la enfermedad, propia o de un ser querido.
Soportar la soledad.
Soportar los largos silencios entre personas.
Soportar el paso del tiempo que hace crecer a los niños tan rápido que un día los cargabas en brey ahora ya estan más altos que tu.
Siempre que estoy alborde de una crisis, existencial, social o económica, me gusta recordar mi mortalidad, me pone en perspectiva y me hace ver que mientras siga vivo ninguna derrota es definitiva, ningún dolor es definitivo, ninguna incomodidad, ninguna soledad, nada dura para siempre. Siempre podemos seguir avanzando, aunque estemos lastimados, aunque estemos hechos pedazos, aunque pensemos que somos escombros de lo que antes fuimos, derrumbados, siempre se puede continuar mientras la muerte no nos alcance.
Cuando me alcance quiero que se detenga un momento a contemplar mis cicatrices, de la mente, del cuerpo y del alma, y que me diga: ¡tu si que viviste! Eres digno de venir a mi con la frente en alto y con dignidad.
Quiero una vida digna y una muerte digna, quiero vivir luchando, soportando y riendo, que mi risa sea mi espada y mi coraje mi armadura.
Ya vendrá el olvido, el tiempo que todo lo devora, mas no me importa, a mi me importa vivir ahora, vivir bien, vivir fuerte y no como un automata.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario