Los años andan indispuestos, como una máquina rota.
Maquinalmente vivo, Maquinalmente sueño.
La brisa cae como pedazos de cielo y me despierta,
con su fría caricia, con su suave golpeteo.
Se estampa en mi cara gota a gota
como lo hacían tus besos hace tiempo.
La brisa y tus besos se agotaron.
Sequedad sola, desierta superficie fue mi cara,
La soledad se ha acomodado a un lado de mi cama.
Algunas veces se me echa encima,
como un necio fantasma me oprime el pecho,
secándome los sueños y el alma,
pues cuando duermo no sueño nada,
todo es negro, todo es vacío.
Gota con gota cae la llovizna, gota con gota me despierta.
El viento despierta las voces de los árboles,
voces vegetales que le cantan a la lluvia.
La soledad se aparta temerosa,
las nubes corren salvajes en el horizonte,
quisiera correr como ellas.
Nacimos salvajes y nos doblaron.
Domesticados como ganado, carne blanda de consumo.
Mano de obra barata, consumidor, cliente, empleado.
Ya me han dicho tantas cosas al oído:
Cómo ser, cómo actuar, qué está bien, qué está mal.
Todo eso me amordaza la cabeza.
Bocado del humano es la palabra.
Desde donde jalan nuestras riendas.
Para dirigirnos como animal de carga.
He estado viviendo la vida en pausa
Vida de animal doméstico,
donde nada pasa y nada avanza.
Trabajando maquinalmente, soñando maquinalmente,
buen empleado, buen hijo, buen estudiante.
Concentrado en cosas que no importan
descuide mi cuerpo, descuide mi mente,
descuide mi alma.
La llovizna se convierte en tormenta,
el viento aúlla y se estampa irrefrenable.
Salvaje como todo, como todo menos uno.
Las nubes redoblan el paso, los árboles se agitan,
se ríen, el relámpago cabalga el cielo,
persigue el sol que cae en el ocaso.
Todo es salvaje menos uno.
Todo corre liberado del bozal de la palabra,
no saben de nombres, de categorías tampoco,
no tienen moral ni ley y mucho menos precio.
“Los gatos no tenemos nombre…
Ustedes las personas tienen nombres
porque no saben quiénes son, nosotros
sabemos quiénes somos por eso no necesitamos nombres”
Dijo el gato Coraline.
Las cosas no tiene nombre,
nosotros se lo damos intentando hacerlas nuestras.
porque la palabra pone orden, clasifica, selecciona y aparta
lo uno de lo otro.
Lo salvaje no acepta nombres, los niega, los rompe,
los hace a un lado y corre.
Lo salvaje no tiene precio, no hay moneda que lo abarque.
Tonto el hombre que quiera comprarlo.
Comerse el mundo es canibalismo,
un imposible, no tenemos tanta boca
para devorar a lo salvaje.
Seres blandos, necios, deprimidos, maniacos,
creemos dominar a lo salvaje
mas lo salvaje yace dentro de nosotros.
Se nos sale a la menor provocación
nos ciega, nos devora, nos arranca el control
dejando a la racionalidad pequeña.
No aceptar lo salvaje te haces débil, triste,
pierdes el sentido de esta vida, luego
lo salvaje te devora.
Abre la puerta a lo salvaje en ti,
mata al robot, mata a la máquina,
despierta, vence a estos años indispuestos.

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