domingo, 15 de marzo de 2026

52 Semanas de cuentos.- Cuento de la semana 10: Rompecabezas.

 


Escrito entre 09 de Marzo y el 15 de marzo.

Era ya de madrugada, Sara y Paúl estaban sentados a la mesa armando rompecabezas, en la radio sonaba música suave, alguna una versión acústica de una de esas tantas bandas de Grunge que fueron tan populares en los noventas; comían sándwiches, pan blanco, jamón, queso y mayonesa,  los  habían preparado antes de sacar los rompecabezas, formando una torre a medida que los esamblaban, bebían a tragos de sus latas de coca-cola, las vacías se amontonaban en un bote de basura  bajo la mesa,  y fumaban cigarros Malboro rojos, les gustaban por qué les traía a la memoria el viejo comercial del vaquero que ambos habían visto en su infancia. No había nada de que hablar, comían, bebían, fumaban y armaban rompecabezas.

El cadáver del nuevo amante de Sara aun estaba en la cama; Paúl trataba de encajar una pieza de un rompecabezas de winnie pooh mientras Sara devoraba un sándwich; cuando por fin colocó la pieza extendió la mano y tomó otra lata de refresco,  tras destaparla, con su característico clic rebotando en las paredes,  le dio un largo trago; cuando la mujer terminó con su bocadillo se afanó en armar un rompecabezas de un paisaje invernal, hizo una pausa para encender un cigarrillo al que dio una profunda calada, casi como un suspiro; No había nada de qué hablar, comían, bebían, fumaban y armaban rompecabezas.

Sara dejó el cigarrillo en  el cenicero, uno de esos tan clásicos  hechos de cristal cuadrado y transparente,  al darse cuenta  que su marido la miraba fijamente le regaló una sonrisa coqueta, de esas que suelta un infante cuando esta apunto de hacer una travesura, o un cachorro después de haber destrozado los cojines del sofá , de esas que tanto le encantaban a él; Paul negó con la cabeza pero en sus labios había una sonrisa de complicidad, casi se le escapaba una carcajada que contuvo con un resoplido. Después volvieron a trabajar en sus rompecabezas; No había nada de qué hablar, comían, bebían, fumaban y armaban rompecabezas.

La madrugada avanzaba y más que contar el paso del tiempo con el reloj de pared y su incesante tic-tac  lo hacían con rompecabezas, cada uno llevaba dos. 

Al poco rato él se levantó de la mesa y salió al patio; ella armaba un rompecabezas de un gato; el sonido de una pala abriendo la tierra  acompañaba a la música, que ahora era un soul bastante movido,  así fue hasta que la oscuridad empezó a retroceder. Cuando Paúl entró en la casa estaba lleno de tierra; Sara había completado dos rompecabezas más,uno de Mario Bros y otro de Dragón Ball, intercambiaron una mirada y fueron al cuarto, desde la puerta  contemplaron el cuerpo del hombre; estaba tendido   boca abajo sobre la cama, desnudo, con un  martillo sobresaliendo del cráneo, el juego de sábanas estaba ensangrentado, Sara se lamentaba pues era uno de sus juegos de sabanas favoritos; juntos envolvieron el cadáver con las sábanas y lo arrastraron al patio sujetando cada uno un extremo, llevando Paúl el lado más pesado.

Arrojaron el cuerpo en un agujero que estaba frente a las rosas, Él enterraba al amante de su mujer lanzando tierra palada a palada  mientras ella fingía tristeza e indignación. Lo enterraron  en el jardín de Sara; ella contempló el trabajo de su marido, también contempló su bello jardín lleno de flores desde las rosas hasta los girasoles, paseo la vista por los tulipanes, sintió el aroma de las azucenas  y se le escapó una sonrisa al ver las margaritas.

Sentados a la mesa de nuevo ella rompió el silencio.

-Esta vez sembraré violetas; o tal vez cosmos... 

Su esposo la miró en silencio.

-Me encanta cuando matas por mi- dijo ella mientras una sonrisa empezaba a dibujarse en las comisuras de los labios.

-Matar o morir por ti; esa es mi situación; creo que prefiero lo primero; después de todo no puedo vivir sin ti- Paúl encendió un cigarrillo, ella  se puso en pie y lo abrazo por la espalda mientras decía:

-Yo tampoco puedo.

-Claro que no; sino quién cuidaría de tu jardín 


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