Garras y Brasas
Del 16 al 22 se Marzo.
Me había sentido enfermo toda la vida, cansado, perdido, como un animal arrinconado. Después descubrí el lugar de donde vengo, comprendí qué un hijo de fieras no puede ser manso. Era, precisamente, esa mansedumbre la que me estaba matando, la que hacía que me doliera el estómago, la que me inflamaba el hígado; me sentía como un tigre obligado a vestir la piel de un perro, uno pequeño y tembloroso. La vida que llevaba en ese entonces me quedaba chica, me apretaba. Me miraba al espejo y solo veía a una criatura patética, un hombre blando, decepción, una colección de metas sin cumplir y un desfile de fracasos. Quizá si el mundo no se hubiera podrido yo habría seguido viviendo así hasta que un paro cardíaco o un cáncer me mataran.
Como muchos otros pensaba que la vida giraba alrededor del dinero, de la acumulación, pensaba que no importaba que pasara el dinero lo solucionaría todo. Por eso trabajaba, por eso soportaba todo y me obligaba a vivir en mansedumbre, emasculado en cuerpo y alma, esperando que se me diera una recompensa quincenal a cambio de renunciar a mi vida.
Cada vez que me encuentro a una persona, y después del intercambio de noticias y provisiones de cortesía, la charla giraba entorno al origen de la plaga que cambió el mundo, he escuchado muchas versiones diferentes, todas especulaciones, nadie sabe y, si la humanidad logra sobrevivir a esto, nadie sabrá nunca qué fue lo que pasó; unos dicen que la enfermedad es consecuencia de un virus prehistórico que estaba atrapado en un glaciar y que gracias al calentamiento global quedó libre, una especie de rabia prehistórica, uno me dijo que el patógeno era un hongo que evolucionó para controlar el cerebro humano, otros tantos se aferran a la idea de un arma biológica que se salió de control, que los americanos pretendían usarla contra los ciudadanos de china para convertir aquel país en lo que ahora es el mundo, también había quienes opinaban lo contrario, un arma China, un arma Israelí, también están los que creen que esto es un castigo de Dios por nuestros pecados o que el rapto ya ocurrió y que los que quedamos atrás estamos condenados, quien sabe.
Lo que se sabe es que prácticamente pasó en todos los países con horas o días de diferencia, gente volviéndose loca, violenta y voraz, se podían ver videos en las redes de gente que, entre gritos y gruñidos más animales que humanos, se arrojaban contra otra y le arrancaba trozos de carne a mordidas, para luego soltar su presa y lanzarse contra otra.
Una vez me encontré con una chica que solía ser enfermera y platicó que después de la mordida solo bastaban un par de horas para terminar convertido, eso sí tenías suerte pues todo dependía de tu sistema inmunológico, la conversión más rápida que vio se dió apenas quien minutos después de la mordida, la cual fue el una mano. Una vez una persona es infectada resulta fácil darse cuenta pues sus ojos se vuelven rojos, los he visto brillar en la oscuridad, dos puntos como brasas, además sus manos, hasta el codo, y sus piernas, hasta la rodilla, se vuelven negras, como el carbón,y las uñas y los dientes les crecen, se afilan más con el paso del tiempo.
Muchos entusiastas de los zombis se emocionaron cuando el caos empezó, sacaron sus armas, sus bates de baseball con clavos, sus hachas y salieron a cazar, en estados unidos se hacían muchas transmisiones en vivo tituladas “Zombie hunting”, sin embargo no eran como los zombis de las películas, podias dispararles, partirles el cráneo con un hacha o hacerlos explotar con una granada, para el día siguiente todos sus pedazos se volvían a juntar y ya estaban de nuevo en pie, no eran lentos en absoluto, era como si un atleta olímpico con garras y colmillos te persiguiera. Muchos pasaron de cazadores a presas, terminaron engrosando las filas de esos demonios.
Todo comenzó con rumores que se susurraban en pasillos de oficinas, en videos publicados en las redes sociales, audios que circulaban en WhatsApp, todos los gobiernos al principio repetían una y otra vez que solo eran rumores infundados, fake news gritaba el presidente de Estados Unidos en cadena nacional, posteriormente empezaron a implementar toques de queda en distintas partes del país, y supongo que del mundo, entonces seguía llenado a trabajar aunque algunos de mis compañeros y compañeras hubieran desaparecido, cuando el caos fue evidente, cuando no podía ser ocultado bajo ningún pretexto, empezaron los saqueos a centros comerciales, oxxos, farmacias y tiendas departamentales. Bien, entonces me encontraba en el trabajo, acomodaba mercancía en un Sam’s Club, cuando la gente empezó a irrumpir en la tienda, a llenar carritos de compras y a salir corriendo con la mercancía, los más astutos llevaban agua y alimentos enlatados, los menos llevaban televisores, celulares y consolas de videojuegos, cerveza, también robaron mucha cerveza, y licores, los guardias no se daban abasto, acabaron tumbados en el piso; estaba de pie en medio de ese caos, acababa de caer la noche, cuando por la puerta principal ingresó una criatura de ojos llameantes y manos negras, abalanzándose sobre una vieja gorda que chillo como un animal herido cuando la criatura la aferró con sus garras y le dio unas horrible mordida en el hombro, todos se detuvieron por un segundo y cuando la bestia soltó a su presa y dio un alarido la multitud salió corriendo en todas direcciones.
Los ojos como brasas de la criatura se fijaron en mí y su dueño se lanzó en mi dirección, corría entre los pasillos derribando estantes y latas para poner obstáculos entre él y yo, a veces los esquiva, otras tropezaba, lo miré por encima del hombro, noté que era un hombre más o menos de mi edad, pálido como cadáver, de sus mandíbulas salían dientes puntiagudos y negros, como sus manos qué terminaban en garras afiliadas como trozos de obsidiana, pero lo peor eran sus ojos, rojos como dos puntos de fuego. Me estaba alcanzando cuando choque con un muchacho. Ambos caímos al suelo y rodamos mié tras el hombre monstruoso pasaba dando un salto por donde estábamos antes, lo vimos ir a estamparse con un estante de herramientas las cuales le callejón encima con un estruendo, un martillo enorme, como de construcción rodó hasta mis pies. La bestia luchaba por salir de los restos del estante, el muchacho tomó una pala marca truper qué había caído cerca de él y me miró, tomé el martillo y me puse de pie.
Mientras apaleabamos a la cosa otro hombre se nos unió con otro martillo, fue liberador, cada golpe de martillo que le daba a esa cosa era como demoler una pared de la vida que antes me encerraba, no se cuanto tiempo estuvimos apaleando aquello, completamente abstraído del caos de los saqueadores, del ruido de sirenas de ambulancia de fondo, del olor a cosas que se queman, seguí dejando caer el martillo hasta que se me cansaron los brazos, temblaba; aunque de la cosa no quedó más que un montón de carne molida esta continuaba moviéndose y latiendo, se movía como si buscará acomodarse para recobrar su forma anterior, cuando uno de los ojos volvió a aparecer sobre la superficie de carne latente retrocedimos asustados.
Fue el grito de otra mujer lo que nos hizo girar, otra criatura como la que estaba a nuestros pies la perseguía, esta vez se trataba de una mujer, la gorda que había sido mordida por nuestro amiguito, aún no tenía manos ni dientes negros y los ojos no habían enrojecido hasta parecer brazas pero aún así había algo en ella que ya no parecía humano, el muchacho bufó con cansancio y salió corriendo tras las mujeres, el otro hombre y yo lo seguimos. Me sentía vivo y alegre, se había acabado el trabajo.

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